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Reseña #28: Real



Nombre: Real
Serie: Real, Raw & Ripped #1
Autora: Katy Evans
Páginas: 320
Año de Publicación: 2013
Editorial: Gallery Books
ISBN: 9781476755595
Idioma: Inglés
Un boxeador caído.
Una mujer con un sueño roto.
Una competencia.
Él hace que olvide mi nombre. Una noche fue suficiente y olvidé todo excepto al sexy boxeador que hace que mi mente y cuerpo ardan en llamas de deseo. 
Remington Tate es el hombre más fuerte y confuso que he conocido en mi vida. Es la estrella de uno de los circuitos más peligrosos de peleas clandestinas, y me siento atraída por él como nunca me he sentido atraída por algo en mi vida. Me hace olvidar quién soy y qué quiero sólo con una mirada suya. Cuando está cerca, necesito recordarme que soy fuerte, pero él es mas fuerte que yo. Y ahora es mi trabajo mantener su cuerpo en forma como una perfecta máquina de pelea, sus músculos tensos y listos para vencer a su próximo oponente.
Pero la mayor amenaza que tiene ahora, soy yo.
Lo quiero. Lo quiero sin miedos. Sin reservas.
Si tan solo pudiera saber a ciencia cierta qué es lo que él quiere de mi...
Opinión
Debo decir que esta novela no fue una de mis primeras opciones, había algo que no me terminaba de atrapar de ella. Sin embargo, estoy sacando todas esas novelas que tenía un poquito abandonadas, y esta no se me escapó. Y menos mal que no lo hizo.

En Real, nos encontramos con una historia diferente, llena de drama, amor y lujuria, mucha lujuria. Nuestra protagonista, Brooke, está pasando por una mala racha en el mundo laboral, por lo que su amiga Melanie la convence de ir a ver una pelea de boxeo clandestina. Brooke, quien gracias a una lesión de rodilla se tuvo que despedir de las olimpiadas, no le encuentra mucho sentido a ir a ver a dos gigantes molerse a golpes en el ring, pero todo cambia cuando hace su entrada Remington Tate. 

Brooke se ve inmediatamente atraída por este hombre magnífico con músculos de acero y una mirada que es puro sexo, y en el instante en que sus ojos se cruzan, la electricidad entre ellos hace saltar chispas por todo el lugar. A partir de ahí, los caminos de Remi y Brooke se cruzarán en varias ocasiones, sellando la conexión que nace en medio del bullicio de un circuito de peleas.

Tengo que admitir, que amé supremamente esta novela. Me atrapó de una forma en que pocas lo hacen. Los personajes son realmente bien logrados, todos, desde los principales hasta los secundarios. Brooke es una ex deportista que sueña con trabajar en la rehabilitación deportiva, y Remi es el campeón de las peleas clandestinas. La historia de ellos dos te atrapa, te hipnotiza y te vuelve loca de emoción. Si a esto además le sumamos las originalidades que posee la historia, tenemos un romance espectacular.

Hubieron muchas cosas que me gustaron, pero la que más me robó el corazón es la profunda ternura que Remington le demuestra a Brooke durante su convivencia, la que, al principio, es sorprendente dada su actitud dominante y arrogante personalidad. Además, la forma en que ambos se relacionan, a pesar de la condición de Remi, es muy especial. El final, me gustó, sencillo pero muy emotivo, y la autora lo dejó de cierta manera abierto para poder dar pie a las otras historias de la serie, entre las cuales está Mine, que es la secuela, entre otras.

De los personajes secundarios, debo decir que Melanie es espectacular, aún con su vulgar lenguaje. Los "ayudantes" de Remi, también me gustaron, en especial Pete. Lo único que me molestó, fue la hermana de la protagonista, pero tendrán que leerla para saber de lo que estoy hablando.

Una excelente historia, no se la vayan a perder.

Clasificación
♥ Magnífico

Sobre la Autora
Katy Evans es la NYT y USA Today Bestselling autora de la serie Real, Raw y Ripper.




Dani♥

Reseña #6: Decidiste Tarde

Nombre: Decidiste Tarde 
Autora: Kasandra Finol (Kassfinol)
Páginas: 66 
Año de Publicación: 2012
Editorial: Rove
IBSN: 1479257508
Idioma: Español

No siempre las cosas terminan con un final feliz. Cuando una mujer ama realmente y no es correspondida las cosas pueden tomar un giro inesperado.
A veces para amar hay que ser paciente... y ser fuerte. Pero... ¿Tú podrías ser fuerte? ¿Podrías ser paciente? ¿Y si... deciden tarde amarte?
OPINIÓN PERSONAL
Me siento particularmente orgullosa de esta historia. No porque haya tenido algo que ver con ella durante su proceso de elaboración y todo lo demás, sino porque la escribió una amiga bloguera, novelera y romantquera, que además es Venezolana. Por eso estoy muy feliz de que me la haya cedido para leerla y todo eso. ¡¡¡Felicidades Kass!!!

Bueno, ahora sí. 

En Decidiste Tarde, encontramos a Sandra, una pelirroja y dicharachera mujer de veintinueve años, que está secretamente enamorada de uno de sus jefes. Quizás muchas de nosotras, nos hayamos sentido identificadas alguna vez con Sandra, al estar un poco encandiladas por algún jefe, compañero o amigo cercano. Sandra intenta por todos los medios olvidar a Francisco y tratarlo sólo con una relación de estricta formalidad. Sin embargo, cuando el susodicho hombre traspasa la línea de Jefe - Trabajadora invitándola a cenar, todo da un giro vertiginoso de mil cuatrocientos grados.

Entre ellos nace una relación secreta y apasionada, llena de amor, deseo y secretos. Pero no todo es color de rosa para ellos, porque Francisco simplemente no es lo que aparenta ser. Y poco a poco Sandra va cayendo en un lugar del que de repente ya no puede volver. El amor apasionado que ella siente por Francisco se vuelve obsesivo, trayéndole más dolor del que ella alguna vez imaginó, y un final trágico del que ya no hubo más salida.

Personalmente, me considero una mujer muy feminista (chica del siglo XXI, qué les puedo decir), por lo que el ver a una mujer sacrificándose y sufriendo por un amor no correspondido me indigna hasta lo indecible. Conozco a varias mujeres como Sandra, y en el mundo hay muchísimas más, que no se dan su lugar como personas, y terminan haciendo cosas que luego todos lamentan. A todas ellas les digo ¡Es hora de despertar, caramba! Ninguna persona nos va a tratar con respeto si no nos respetamos nosotras mismas primero.

Ahora, volviendo a la historia, es agradable, fácil de leer y me sentí identificada con muchas situaciones. Me hubiese gustado que Sandra no tuviese tanto espíritu de mártir, eso en verdad no me agrada. Uno tiene que hacerse cargo de sus propios problemas, no rogar, llorar y esperar porque otros vengan a resolverlos por nosotros. Aparte, la forma en que abandona toda su vida sólo por un hombre... bueno, digamos que eso no está nada bien. Tiene un final agridulce, que sin embargo es el más lógico si tomamos en cuenta la historia. 

Para mi amiga Kass hay un:
SOBRE LA AUTORA

Kasandra Finol (Kassfinol) nació en Venezuela hace 25 años, realizó estudios de economía con dos diplomados. Uno en Educación Superior y otro en Tribulación y Aduanas.
Es madre, esposa y Karateka, agradecida con Dios por todas aquellas personas que la han hecho sentir apreciada y amada.
Si bien pata algunos es una nueva escritora, lleva ya 8 libros realizados en el género romántico, tanto fantástico como paranormal, todo con un toque de humor más bien dirigido a jóvenes y adultos. Su amor por este género fue provocado por sus dos escritoras favoritas: Gena Showalter y J.R. Ward, además, admira la forma de escribir de Stephen King.
Su sueño como escritora es ser bien reconocida por sus libros durante la vida, y recordada después de la muerte. Su sueño como ser humano es seguir desarrollando el don que Dios le otorgó y sobre todo encontrar más medios para ayudar a las personas que necesiten de ella.

Serie Highlander, Karen Marie Moning

1. MÁS ALLÁ DE LA NIEBLA DE LAS HIGHLANDS
En el reino todo el mundo lo conoce como Halcón, legendario predador de los campos de batalla y los tocadores de las damas. Ninguna mujer puede resistirse a sus encantos, pero ninguna ha conquistado jamás su corazón. Hasta que un hada vengativa hace caer a Adrienne de Simone, del moderno Seattle a la Escocia medieval...

2. PARA DOMAR A UN HIGHLANDER
Gavrael McIllioch había nacido en un clan de guerreros de fuerza sobrenatural, pero abandonó su nombre y su castillo de las Highlands decidido a escapar del sombrío destino de sus antepasados. Ocultando su identidad al implacable clan rival que lo perseguía, pasó a llamarse Grimm para proteger a la gente que le importaba y juró no admitir jamás su amor por la encantadora Jillian St. Claire. Y entonces el padre de Jillian lo convocó con urgencia para que luchara en una competición en la que el ganador se casaría con la dama…

3.  EL TOQUE DE UN HIGHLANDER
El señor de Brodie, un poderoso guerrero escocés que vive en un mundo regido por leyes ancestrales, es incapaz de enamorarse de ninguna mujer. Un día sin embargo, ocurre un misterioso accidente y, de repente, una bella muchacha del siglo XXI se traslada al pasado. Lisa, moderna e independiente, aparece por arte de magia en la habitación de un bravo guerrero medieval y desea sobre todo huir cuanto antes de ese recóndico e inhóspito lugar. Pero no sabe que el señor de Brodie tiene otros planes, y mucho menos que está a punto de conquistar su corazón.  

4. EL BESO DEL HIGHLANDER
Encantado por un poderoso hechizo gitano, Drustan McKeltar lleva más de cinco siglos oculto en las profundidades de una cueva, sumido en un sueño eterno que burla a la muerte y el tiempo. Cuando la ciéntifica de Gwen Cassidy, que está de vacaciones por Escocia buscando un amor verdadero, lo despierta en pleno siglo XXI, Drustan descubre que no queda nada de su linaje y que las Highlands, las Tierras Altas Escocesas, no son más que un montón de ruinas. Pero Drustan no es un simple escocés, sino que por sus venas aún corre auténtica sangre druida y tiene la oportunidad de remediarlo. Acompañado de Gewn, extraña mujer de insolente lenguaje que lo tacha de loco, emprenderá un viaje por Escocia buscando el portal que lo devuelva a su tiempo y así evitar su maldición. 

5. EL HIGHLANDER OSCURO
Desde su ático en Manhattan, Dageus McKeltar contempla una ciudad resplandeciente, mientras dentro de él habita un oscuro vacío. McKeltar es a la vez un escocés del siglo XVI y un neoyorquino del siglo XX que libra una batalla imposible contra los trece druidas que han tomado posesión de su alma. Chloe Zanders, una estudiosa de objetos antiguos cuya familia procede de Escocia, conoce por casualidad a Dageous. Chloe no tardará en enfrentarse al reto supremo: luchar contra trece espíritus malignos por el corazón de un hombre.

6. EL HIGHLANDER INMORTAL
Con su larga melena y sus fascinantes ojos, Adam Black es sinónimo de problemas. Inmortal y arrogante, es un maestro de la seducción que puede recorrer el tiempo y los continentes… hasta que una maldición lo despoja de su inmortalidad y lo vuelve invisible. Sólo le queda una esperanza: que la única mujer en el mundo capaz de verlo acceda a ayudarlo. Gabrielle O’Callaghan, una estudiante de Derecho, ha sido maldecida con la capacidad de ver ambos mundos, el de los mortales y el de las criaturas mágicas. En cuanto ve a Adam Black, está segura de que ese hombre podría ser su perdición. Adam la arrastrará a un mundo de hadas que hierve de mortíferas intrigas… Si consiguen alzarse con la victoria, ganarán una recompensa que pocos mortales llegan a conocer jamás: un amor que no terminará nunca.

7. EL HECHIZO DEL HIGHLANDER
Un diabólicamente atractivo guerrero celta atrapado en el tiempo... y una mujer dispuesta a pagar el máximo precio para liberarle. 
Antiquismos secretos les persiguen. El peligro mortal y un deseo irresistible ensombrecen cada uno de sus movimientos. Es una relación para toda la eternidad. Y todo lo que les separa son "simplemente" mil trescientos años...

8. EN TUS SUEÑOS
En el año 928 un guerrero escocés se haya prisionero en el Reino de las Hadas. Ha sido engañado por el monarca de las Hadas, obligado a conceder cinco años de su vida a cambio de las vidas de los miembros de su clan. Lo que no le ha explicado el taimado monarca es que cinco años en el oculto reino equivalen a quinientos años mortales. Cuando acabe el tiempo previsto podrá volver al mundo humano durante un mes, si al cabo de éste no ha conseguido encontrar un amor verdadero, seguira cautivo. Es aquí donde entrará en escena la Reina de las Hadas y su corte creando con su magia recuerdos en la única mujer capaz de salvarlo.

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Relato para el concurso de Nina-Neko

NOSTALGIA




Que hermosa tarde de otoño.

Desde aquí, puedo escuchar el trinar de los pájaros, y admirar su vuelo alto y libre, rápido, mientras emprenden el viaje de regreso a casa, donde sus familias los esperan.

También, percibo como se van extinguiendo los últimos rayos de sol mientras encienden el firmamento con su luz, llenándolo de miles de colores diferentes. Aunque mi vista ya no es la misma de antes, me siento aquí todas las tardes mientras el astro dorado baña de calidez a toda la ciudad, brillando en las ventanas de los altos edificios tan comunes hoy en día, pensando.

¿No es increíble la naturaleza?

Cada día hay un nuevo amanecer, que ilumina el nacimiento de esperanzas, sueños y alegrías. Cada mañana abro los ojos con un profundo deseo dentro de mi corazón. Ojalá tuviese el poder de revivir el pasado, no para cambiarlo, porque bien sabe Dios que no hay nada de lo que me arrepienta, solo quisiera, por una instante, poder verte una vez más.

Pero claro, así como inicia un día con la llegada del sol, él mismo se lo lleva al momento del atardecer. Siempre. Cada esperanza perdida, cada sueño no realizado muere con él. Tal vez nazca de nuevo otro día, tal vez no. Yo solo sé que cada tarde veo extinguirse la luz y tú ya no estás a mi lado. Lo intento. Intento ser fuerte y vivir el resto de mi tiempo con dignidad, pero a veces fallo. ¿Cómo puedo seguir viviendo como antes, si mi corazón me abandonó? Porque tú eras mi corazón. No hubo un día que no te lo dijera, porque no quería que tuvieses dudas al respecto. Eras mi corazón, siempre lo fuiste y siempre lo serás.

Algunos días evito pensar en eso, para que la desesperanza no me consuma y se lleve lo poco que queda del hombre que conociste. Pero es difícil. Más cuando te extraño tanto. Oh, Aubrey. ¡Cuánto te echo de menos!

Sobre todo en los momentos, como ahora, que la calidez del sol invade mi piel fría, como un triste substituto de tus manos. ¡Cuánto me enseñaste de la vida!, y ya no estás aquí para vivirla conmigo.

Tus preciosos ojos ya no pueden apreciar la manera en que el cielo se colorea de púrpura, naranja y rosa, como una aurora boreal en pleno septiembre. Ya no se abren cada mañana para mirarme con amor, incitándome a ser cada día un mejor hombre, un mejor esposo, un mejor padre. Ya no me vez, mi amor, para regañarme cuando comía un pastel azucarado malo para mi diabetes. Ahora solo puedo ver tu sonrisa en mi mente, y constantemente me pregunto tantas cosas: ¿Qué pensarás? ¿Cómo te encuentras? ¿Me estas mirando? ¿Te sientes orgullosa de mí, de tus hijos y nietos? ¿Eres feliz allá en donde estás? Yo espero que sí, no, yo deseo que sea así, porque tú sólo mereces lo mejor. Mereces ser amada aún más allá de la muerte.

Mi viejo corazón ya no es tan fuerte como antes, Aubrey. Me duele, cada vez más, cuando abro los ojos y no te veo a mi lado en la cama. Ya no siento tu calor entre las sábanas, ni tu aroma impregnándome. ¿Quién hubiese pensado que las cosas más cotidianas serían las más difíciles de soportar? Las noches frente a la chimenea, escuchando las noticias. O las navidades cuando venían los niños y pasábamos todo el día rodeados de risas y gritos. Que buenos eran aquellos momentos.

Por cierto, los niños están bien. Jack y Rose han tenido otro hijo este verano, Jamie. Ellos dicen que se parece a mí, pero yo no lo creo. Es decir, ¿En dónde pueden ver un parecido entre esa criatura lozana y maravillosa y un viejo arrugado como yo? Pero de algún modo, me hace sentir mejor. Amy ya va a la universidad, y creo que planea casarse con ese muchacho de Wisconsin con el que sale desde hace un año. Robert no quiere oír hablar del asunto, pero a mí me cae bien. Kasie y Emily cumplieron once años en abril, y de sobra está decir que ellas también te extrañaron mucho, sabes cómo les gustaba sentarse sobre tus rodillas y escucharte cantar. Maddie viene casi todos los días a verme, para asegurarse de que tome mis medicinas. ¡Ja! Como si alguna vez pudiera olvidarlas, llevo tanto tiempo tomándolas que mi cerebro coordina mis movimientos por si solo para ingerirlas. Y bueno, tantas y tantas cosas sobre todos que podría contarte, pero estoy seguro que tú los vez desde allá arriba, y los guías hacia la felicidad con esa sonrisa paciente que era tan tuya.

Es extraño, ¿No? Como la vida sigue su curso, y sin embargo tú ya no estás aquí.

Pero igual te siento. Hay incluso momentos en que juraría que puedo sentir tu mano en mi enjuta mejilla, apoyándome. Alentándome a no darme por vencido aún. En las noches, antes de quedarme dormido, puedo escuchar el susurro de tu voz, arrullándome igual que lo hacías cando tenían pesadillas alguno de los niños. Tal vez eso es lo que más extraño de no tenerte. Tu voz.

Puedo escucharte en mi cabeza, pero abro los ojos y no estás. Puedo verte con los ojos de mi imaginación, pero no puedo tocarte. ¿Por qué te fuiste tan pronto? No me diste tiempo para acostumbrarme a tu ausencia, digo, si es que alguna vez alguien pudiese acostumbrarse a la ausencia de un ser amado. No me diste la oportunidad de decirte una vez más que te amaba, de darte las gracias por todo lo que en vida me diste y que es incomparable a todo lo demás. No pude apretar tu mano en el momento final, ni sostenerte hasta que hubieses cruzado el camino. Hay tantas cosas que no pude hacer por ti…

¿Me escuchas alguna vez, Aubrey? ¿Te arrepientes de algo? Espero que no, eso sólo le minaría las pocas fuerzas que le quedan a mi corazón.

Dos años han pasado. Dos años sin ti. Y se siente como una maldita eternidad.

Ven a buscarme, Aubrey. Sabes que cada noche te espero, para poder ir contigo al paraíso de Dios.

Los chicos ya han crecido, tienen sus familias y sus vidas. Y sé que van a echarnos de menos a ambos, pero ellos lo entenderán. Saben, tan bien como yo, que estos dos años he sido un hombre incompleto, porque tú eres parte de mí, mi amor. Aún hoy, vives dentro de mi corazón, recorres mi sangre con tu amor, empañas mis ojos con tu belleza, saturas mi nariz con tu aroma y destruyes mi alma con tu ausencia.

Ahora voy a levantarme de esta silla, y regresar a la monotonía de mi existencia sin ti. Aunque me gustaría quedarme fuera para examinar las estrellas a ver si te encuentro en alguna de ellas, hace demasiado frío para mis cansados huesos. El invierno se acerca, para cubrirlo todo con su manto frío, incluso mis esperanzas.

Aún recuerdo cómo te gustaba el invierno, y como cada navidad me regalabas un suéter diferente tejido por ti. Quiero que sepas que los conservo todos, en el orden exacto en el que me fueron concedidos. Los tengo como un recuerdo más de lo que significas para mí, lo mucho que todavía te amo.

¿Sabes? Aún conservo tu jardín de rosas. Si. Invierto ciento sesenta dólares mensuales en el Sr. Freeman, el jardinero, para que lo mantenga tal cual como tú lo conservabas en vida. Cuando extraño tu aroma, me siento en medio del jardín e inhalo profundamente tantas veces como me permitan mis doloridos pulmones, y de una extraña manera, siento que estás de pie a mi lado, inspirando también el perfuma de las rosas en primavera. Tu época favorita del año. A veces sueño con que un día, vendrás a mí nuevamente y verás tu jardín intacto, y de alguna manera te sentirás orgullosa de mí y de lo que he logrado desde que te fuiste. ¿Raro verdad? Algunos días creo que estoy obsesionándome contigo, y eso no me gusta. Porque si no me obsesioné contigo en vida, no quiero obsesionarme con tu muerte, no es sano para ninguno de los dos.

No sé cuantas veces he reflexionado sobre esto. Cientas, miles tal vez. No he llevado la cuenta. Pero cada noche, cuando cierro los ojos pienso en todas las cosas que quisiera decirte y no puedo. Me mata, Aubrey. Como una enfermedad lenta y dolorosa. Que marchita todo dentro de mí, mis órganos, mis pensamientos, mis esperanzas… pero si hay algo que he aprendido en estos dos largos años, es que el amor tiene dos caras.

Tu y yo tuvimos suerte, y vivimos el amor bueno mientras estuvimos juntos. No fue siempre fácil, pero lo fácil nunca vale la pena, y no hay nada para mí que haya valido más la pena de luchar, que tu amor. Fuimos parte de algo mucho más grande que nosotros, de ese amor que te hace reír, soñar, volar… Ay Aubrey, pero nunca imaginamos cuán dura sería la caída. Porque desde que no estás, siento que estoy cayendo constantemente. Estoy desorientado, perdido y asustado. Nuestro amor no nació ni vivió de la costumbre. Nuestro amor fue puro, profundo e ilimitado. Tanto, que aún después de todos estos años juntos y ahora separados, yo te sigo amando.

Te amo.

Como el primer día en que te vi. Como te amé cuando aceptaste casarte conmigo, tanto como te amé cuando nacieron nuestros hijos, y tantas otras veces que ni siquiera puedo mencionar. Te amo, te amo, te amo… nunca lo dudes, mi amor. Yo jamás he dudado de ti.

Ahora estoy entrando a la casa que ambos construimos con esfuerzo y un montón inmenso de dedicación. Tal vez no sea la casa más grande, ni la más elegante de todas las que hay por aquí, pero fue nuestro hogar. Aquí vivimos todos nuestros buenos y malos momentos, en ella crecieron nuestros hijos, y dentro de ella aún perduran todos nuestros recuerdos. Están impresos en las paredes, llenándolas de color.

Cada vez que recorro con mis débiles pies los pasillos, escucho tu voz  tarareando en la cocina. Recuerdo una vez cuando Robert tenía diez años, y juntos organizamos una sorpresa para ti. Era tu cumpleaños. Pero ni siquiera nuestras mentes juntas superaban tu sabiduría de madre. Nunca pudimos sorprenderte en grande, porque siempre adivinabas nuestras intenciones. Que puedo decir, nunca fui bueno para la actuación, y menos si se trataba de esconderte algo a ti. De eso puedes estar segura, nunca te mentí. Y tú, para mi gran felicidad, jamás dudaste en aceptarme incluso con mis peores defectos.

Solías decir que yo era más obstinado de una mula de carga, temo que eso es verdad. ¿Sino cómo explicar el hecho de que aún estoy aquí, de pie y solo? También reconozco que soy orgulloso, a veces demasiado, y que no era el más apuesto de los hombres. Pero a tu lado me sentía como un rey. Tu belleza siempre me impactaba y, en ocasiones me preguntaba ¿Cómo alguien tan especial puede amarme a mí, que soy de lo más común? Tal vez nunca haya una respuesta lógica para eso, y lo agradezco a los cielos. Dios sabe que lo hubiese dado todo y más por vivir la vida que vivimos.

Ahora estoy entrando en nuestra habitación. Y el frío que templaba mi cuerpo poco a poco me abandona. De repente me siento tranquilo, en paz. Es como si tu espíritu me acompañara y envolviera los retazos de mi corazón derrotado. Estás aquí, velando por mí, empujándome un poco más hacia adelante, facilitándome el camino. Miro todas las fotos, ventanas a momentos pasados llenos de dicha y mi pecho se estruja frente a tu recuerdo. Siento las lágrimas inundar  mis ojos en todo momento, y sé que no debería llorar, porque tuve y tengo mucha suerte en mi vida. Pero no quiero tragármelas. No es signo de debilidad llorar por la persona que amas y que extrañas más que nada en el mundo.

Siempre admiraste mí fuerza Aubrey, pero ya se me acabó. Estoy agotado.

Exhausto.

Guíame, por favor, como tantas veces en el pasado. Toma mi mano y libérame de esta pesadilla que es no tenerte más.

Hoy, en el día de mi cumpleaños, regálame aquello que he deseado desde que te fuiste. Aquello que nadie más puede darme ahora.

Devuélveme la felicidad, querida. Llévame contigo por el camino correcto, hacia el futuro infinito que nos espera en la eternidad.

Estoy listo, mi amor.

Aquí, acostado en nuestra cama. Repaso constantemente todo lo que vivimos juntos y me siento feliz. Soy feliz sólo por haberte conocido. Por haber compartido tantos años a tu lado. Me diste tanta dicha y tanto amor, que sólo me queda una cosa más que pedir.

Estoy cerrando los ojos Aubrey. Y puedo sentirte, ya vienes por mí.

¡Al fin! Mis huesos pueden descansar. El peso de mi alma se debilita. Y sonrío. Porque pienso recibirte igual que siempre, con una sonrisa en mis labios. Estás contenta, también, puedo sentirlo. Y eso me da fuerza para dar el último paso.

Puedo verte, una vez más. Y mi corazón vuelve a latir con la expectativa de que no vamos a volver a separarnos jamás. Oh, mi amada Aubrey, cuánto te he extrañado desde que te fuiste. Pero eso ya no importa, porque has vuelto por mí.

Te amo Aubrey.

Tomas mi mano, y me guías a caminar junto a ti. Gracias Aubrey, por rescatarme de mi tortura. Gracias por amarme tanto como yo te amo. Y gracias, por venir a buscarme. Juntos, velaremos por todos los que nos aman también.

Gracias.

Tú y yo, vamos a amarnos para siempre.


FIN


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Para comenzar el año con un poquito de misterio... Algo nuevo que estoy preparando...



¡HOLA! 

¿Cómo les ha tomado el 2012? Espero que bien.

Hoy, les traigo el asomo de una nueva historia en la que estoy trabajando, me sentí inspirada y, de pronto, me di cuenta del potencial de lo que había comenzado. espero que a ustedes les guste tanto como a mí. Tal vez, el comienzo les parezca un poco confuso, pero espero que poco a poco vayamos develando juntos los misterios de esta historia...


Prólogo


…Bruno y Bianca se van a casar…

Ese es el murmullo que llega a mis oídos desde la villa.

…Bruno y Bianca se van a casar…

Si, dentro de dos días.

Al fin el príncipe ha encontrado a su princesa… o eso es lo que los humanos dicen.

Yo, no lo veo de esa forma.

Yo, lo veo, como una oportunidad magnífica para entrometerme. Y es que, aquí entre nos, vivir para siempre puede resultar absurdamente desesperante si uno no se permitiera algunos momentos de entretenimiento.

Desde aquí arriba, en mi pequeño reino, veo a toda la humanidad moverse y desarrollarse. Los veo nacer, crecer y morir. Ciertamente, su fugaz existencia puede parecerme algunas veces interesante, pocas hay que se le comparen. Si bien no conocen lo que es la inmortalidad, por sus venas corre el hierro suficiente para hacerles actuar como si fueran inmunes a la muerte, la insensatez puede llevarlos hasta extremos inimaginables para mí. Tal vez, el nacer con los días contados le brinde a su supervivencia una intensidad que tanto mis hermanos como yo desconocemos. No lo sé. O tal vez, es que son tan ingenuos que creen tener el poder sobre sus actos, algo que es absolutamente falso. Porque a los humanos los controlamos nosotros, o mejor dicho, los controlo yo. Por eso, debo confesarles que me aburre hasta lo indecible mantenerme al margen de sus patéticas y escuálidas vidas. Eso no es divertido para mí.  Divertido es verlos reaccionar ante un pequeño desastre natural que escape de su control, que decir cuando se topan de frente con la infidelidad y el engaño, eso sí es verdaderamente entretenido. El sufrimiento, la pena, la amargura… todo aquello que sea negativo y triste es lo que me emociona. ¿Por qué deberían ser sus vidas como una bola de algodón rosa, si el verdadero carácter humano sale a flote en los momentos de crisis? Cuando la desesperación alcanza niveles extremos, cuando son probados más allá de sus capacidades, es cuando la verdadera esencia de la humanidad surge, como un fénix entre las cenizas, para pelear por aquellos que merecen una segunda oportunidad.

Para mi disgusto, no puedo estropearles la vida a todos, porque incluso yo tengo que respetar a veces el equilibrio del altísimo —aunque no me agrade en absoluto la idea—, por lo que a veces permito que se salgan con la suya. Además, sería fastidioso gobernar a una banda de autómatas que no se rebelen ante ti. Así no sería tan satisfactorio dominar sus vidas.

Desde que el mundo es mundo y yo soy yo, esas fútiles criaturas han gozado de más libertad de la que deberían, según mi parecer. Aquella libertad de espíritu, les hace pensar que son dueños de sus acciones, y atiborrarse de ingenuidad al creer que no existe ser en el planeta más inteligente que ellos. Bueno, tal vez tengan razón en eso, porque ciertamente nosotros no vivimos en la Tierra. Ah… pero ellos no tiene ni idea, de lo que sobre sus pequeñas cabezas se lleva a cabo. Miles de planes, estrategias y manipulaciones. Nosotros, controlamos todos y cada uno de los aspectos de su frágil existencia. Los hacemos nacer, los hacemos morir, los probamos constantemente, los obligamos a enfrentarse a lo que más temen y los llevamos por el camino que deseamos que corran. Siempre. Ninguno de ellos se escapa de mi vista, aunque desde aquí parezcan un enjambre de hormigas molestas y destructivas. Siempre bailan al son que yo les canto, lo hacen todo tal y como yo lo deseo.

Y es que, ¿Qué es el poder absoluto, si uno no lo usa para imponerse sobre los débiles?

Por cierto, eso me recuerda…

…Bruno y Bianca se van a casar…

Ya solo falta un día…

…Bruno y Bianca se van a casar…

Pues yo no lo creo.


**********

A ver que les parece... Espero les guste!

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Relato para la Antología Navideña 2011

¡Hola! ¿Cómo se preparan para estas navidades? Espero que bien. Yo por mi parte estoy haciendo o mío poniéndome al corriente con todo el material que tenía atrasado, ya que al fin pasé de curso en la universidad, puedo pasar diciembre tranquila (gracias a Dios), por eso estaré actualizando (o tratando de actualizar) mucho más seguido, y también emprenderle con todos los proyectos que dejé a un lado por un tiempo.

Por eso, para iniciar esta nueva racha decembrina, les he traído el relato para la Antología Navideña 2011, un proyecto muy interesante que organiza Dulce Cautiva en su blog, y que es bastante ambicioso y muy original (cabe destacar que me siento muy orgullosa de formar parte). Espero que les guste, y si quieren saber más acerca de esto o leer los otros relatos participantes, pasen por aquí.

Bueno, ahora si, aquí se los dejo:

EL REGALO PERFECTO

—¡Atchis!

Genial… —gimió Rebecca con amargura—, Ahora solo me falta pillar un resfriado.

En verdad, enfermarse sería como dicen “la cereza del pastel”, en un día que de por sí, podría considerar el peor en mucho tiempo. Pero como todo era cosa de la mente, comenzó a pensar como un mantra… No voy a enfermarme, no voy a enfermarme, no voy a…

—¡Atchis— Demonios, esto no funciona.

Obviamente, el hecho de llevar puestas ropas completamente húmedas gracias a la nieve que caía sobre su cabeza, no iba a ayudarle de mucho contra el resfriado. Estaba muerta de frío, las puntas de sus finos dedos heladas. Mas no podía hacer nada… se había olvidado las llaves de su apartamento dentro, y como mujer completamente segura de sí misma y llena de autoconfianza, nunca había dejado un duplicado debajo de una maceta, o bajo la alfombra —como tantas veces mostraban en las películas— así que no tenía forma de entrar, y con semejante frío, sus neuronas simplemente se negaban a trabajar sobre tiempo, ya habían sido forzadas hasta su punto máximo durante el día.

¿Qué iba a hacer ahora? Sus padres no estaban en la ciudad, porque se habían ido en un crucero por el Caribe como regalo de navidad, uno que ella también hubiera podido disfrutar si el abusador de su jefe no le hubiera exigido presentarse a trabajar aunque estuviera de vacaciones. No le bastaban los otros catorce empleados, ella tenía que estar ahí. Además, era la noche de navidad, todas las personas estaban en sus casas calentitas, celebrando con sus familias —bueno, todas las personas menos ella—, y para rematar, Anette, su mejor amiga, estaba con su esposo en la casa de su madre al otro lado de la ciudad, y con semejante cantidad de nieve en las calles era prácticamente imposible conducir, ni que decir ir caminando con tan baja temperatura.

Estaba en problemas, sus pies sepultados en un montón de nieve blanca comenzaban a ser insensibles para todo, hasta para ella. Se removió en un vano intento de escapar del aire helado que sopló, pero su cuerpo delgado y pequeño no podría soportarlo por más tiempo. Estaba desesperada. Tanto, que apenas viera a algún vecino entrar a su casa le pediría auxilio y refugio. Pero nadie llegaba, o bien todos se habían ido o ben nadie deseaba ayudarla, porque la entrada jamás había estado más vacía.

Oteó el cielo y suspiró deprimida, pues los nubarrones grises no auguraban nada bueno para ella ni para su situación. La acera ya estaba cubierta de una delgada capa de hielo, y Rebecca pensó que nunca había odiado tanto la nieve como en ese momento. El vaho de su aliento era cada vez más blanco, y los estremecimientos de frío ya le recorrían sin piedad el cuerpo. Cerró los ojos por un segundo, intentando imaginar un lugar más cálido, pero su mente interpretó la señal como una rendición al cansancio, y sus párpados se volvieron tan pesados que ya no pudo separarlos. Soltando un gemido adolorido, se dejó resbalar por la pared, totalmente segura de que plantar su trasero en la nieve era una muy mala idea, pero sin poder hacer nada para evitarlo.

De pronto, su caída fue frenada de manera brusca. Intentó abrir los ojos mientras su cuerpo era rápidamente devuelto a una posición vertical, pero sus pestañas estaban congeladas. El apretón en sus brazos se intensificó cuando fue evidente que no conseguía mantener el equilibrio por sí misma. Sintió la fuerza de alguien junto a ella mientras, ayudada por su fuerte agarre, intentó poner sus rígidas piernas en movimiento, pero no lo consiguió.

—¿Puedes caminar? —le preguntó una voz. El chorro caliente de su aliento rozándole los pómulos.

Rebecca abrió la boca para decirle que no podía sentir sus pies, pero solo pudo emitir un gemido dolorido, así que movió su cabeza de un lado a otro para hacerle saber que eso era tan difícil para ella como mover una roca. La persona hizo un sonido extraño, como angustiado y posteriormente la levantó en brazos como a una niña. Percibió como unas manos fuertes rodeaban su torso y la cara interna de sus rodillas, para elevarla tan fácilmente como a una estatua de plumas. Inconscientemente, ella se acurruco contra él, desesperada por absorber un poco de su calor.

Abrió un poco los ojos y por entre la escarcha de sus pestañas reconoció la figura borrosa de una persona —bueno, un hombre— alto, y con una mandíbula marcada. El resto de su rostro era imposible de reconocer, al menos en ese momento.  Así que volvió a cerrarlos, y recostó su cabeza en el hombro masculino preguntándose ¿A dónde me estará llevando?

—Vas a estar bien— le dijo, y como leyendo su mente continuó— ya casi llegamos a mi casa.
Rebecca se mantuvo en silencio para seguir disfrutando de su voz ronca y del rítmico vaivén de sus movimientos.

**********

Unos diez minutos después, fue depositada con cuidado en un mullido sofá negro, mientras el dueño de esa sensual voz le colocaba una frazada caliente por los hombros, tratando de calentar rápidamente sus ateridos músculos.

Ella lo miró trabajar en eso, mientras le frotaba los brazos y las piernas con fuerza para restablecer la circulación, como un experto. Sus párpados ya no le pesaban, y aunque aún sentía el cuerpo entumecido, quiso probar si sus cuerdas vocales ya funcionaban con normalidad.

—Gracias por ayudarme— murmuró, y el frío le dio a su voz una entonación extraña.

—No hay problema, ¿Ya te sientes mejor?

—Sí. Aunque mis pies siguen dormidos.

—Déjame verlos— pidió, y acto seguido bajó los cierres internos de sus botas para quitárselas. Las gruesas medias de lana que llevaba puestas estaban empapadas y heladas. Pero él con movimientos diestros desnudó sus pequeños pies.

—¡Dios! Están peor de lo que pensé.

Al escuchar semejante comentario, Rebecca se asustó. Y mucho. Por lo que inspeccionó ella misma sus pies, horrorizándose. Estaban completamente pálidos, tanto, que la fina telaraña de venas era perfectamente visible a través de la piel, las uñas se veían entre moradas y rosadas, pero el borde superior estaba tornándose azul. ¡Azul! Sus pies estaban congelados.

Con ojos angustiados miró al hombre que la había ayudado, asustada y realmente preocupada.

—Están congelados ¿Verdad?

—Probablemente— respondió. Y la esperanza huyó de ella tan rápida como un rayo. Él seguía examinando sus pies, moviendo sus dedos hacia arriba y abajo, doblándolos—. No creo que sea tan grave como pensé, aunque tiene un aspecto terrible. Los dedos están rígidos, pero se mueven, y hay flujo sanguíneo. No obstante, tenemos que calentarlos, y rápido.

—¿Qué puedo hacer?

—Tu espera aquí y sigue moviéndolos, yo voy a buscarte agua caliente.

Rebecca suspiró apesadumbrada y con cierto temor todavía recorriéndole el cuerpo. Comenzó a darse torpes apretones en la planta de un pie, luego del otro, y trató de doblar suavemente cada uno de los dedos así como lo había visto a él hacerlo, pero no ayudaba demasiado que sus manos también estuvieran heladas. Apoyó ambos pies en la alfombra, mientras abría y cerraba las manos una, dos, tres veces. Podía escucharlo trajinando en lo que suponía era la cocina del pequeño apartamento. Pequeño pero confortable —observó.

Las paredes estaban pintadas de blanco y ambos sofás era negros, al igual que las mesitas, donde habían varios portarretratos. Sus ojos curiosos se toparon con una foto en particular que le divirtió: un niño de diez años aproximadamente, montado sobre un elefante. El niño sonreía inseguro, mientras que en la imagen, se apreciaba claramente como el inteligente mamífero estaba dispuesto a lanzarle un chorro de agua directo desde su trompa a la cara del muchacho. Rebecca no pudo evitar tomar el marco para verlo más de cerca, y una amplia sonrisa se formó en sus labios al contemplar la escena.

—¿Qué estás mirando? —cuestionó él a su lado.

Rebecca se sobresaltó al escucharlo tan cerca, apretando el portarretratos contra ella en un gesto automático.

—Yo… yo… —Oh cielos, ¿Que le digo?— solo estaba mirando­— dijo, e inmediatamente volvió a colocarlo en la mesa.

¿Por qué estaba tan nerviosa de repente? Solo miraba una foto, tampoco es que lo estaba espiando ni nada. ¿Entonces por qué….

—¿Como sientes los pies?

—Oh si, están mejor— Tanto como una paleta de helado.

—Mételos aquí, verás que te sientes mejor así.

—De acuerdo.

Introdujo los pies en el agua caliente y al principio el contraste de temperatura fue bastante incómodo, pero sus pies se adaptaron, logrando que su cuerpo entrara en calor rápidamente. Y aunque llevaba aún la ropa mojada, se sentía mucho mejor.

—Hay que hacer algo con esa ropa, te enfermarás si no te la quitas.

Rebecca no estaba segura de la razón, pero esas palabras desencadenaron que su rostro se sonrojara completamente. Su corazón empezó una marcha apresurada dentro de su pecho y la respiración se le volvió tan superficial y repetitiva que parecía tener un ataque de asma.

—¿Estás bien? ¡Ey, Rebecca! ¿Qué te sucede?

Esas palabras hicieron que lo mirara directamente. Cortando todo tipo de sobrerreacción llevada a cabo por su cuerpo.

—¿Cómo sabes mi nombre?

El alto y esbelto hombre se mantuvo callado ante esa pregunta. Sus grandes ojos marrones la contemplaron durante varios minutos, para luego bajar hacia el suelo. Carraspeó incómodo
.
—Siempre lo he sabido —murmuró por lo bajo.

Rebecca lo miró nuevamente, descubriendo algunas cosas en él que antes no había mirado, como por ejemplo su cabello negro, corto y rizado, la nariz un poco torcida, el pequeño lunar cerca de la comisura de su boca… ahora parecía diferente, como si antes lo hubiese estado mirando a través de un cristal, y ahora pudiera apreciarlo directamente, más real, más hermoso.

Si observaba su rostro en conjunto, en realidad no había nada en él que fuera particularmente atractivo. Pero analizando cada rasgo por separado, había algo precioso en cada uno, prístino, que la incentivaba a seguir detallándolo. Necesitaba ver sus ojos nuevamente, así que con delicadeza, rodeó sus mejillas con ambas manos, para que él la mirara.

—¿Por qué?

Él se encogió de hombros de manera despreocupada, pero el brillo en sus ojos no podía ser disimulado tan fácilmente.

—¿No vas a decírmelo?

Estaban muy cerca, tanto, que podía ver el latido de la sangre en su cuello, debajo de su mano. Era un pulso rápido, fuerte, lleno de vida. Rebecca deslizó sus dedos por las sombreadas mejillas, reconociendo un terreno completamente nuevo para ella, pero ansiosa por explorarlo todo. Nunca se había tomado esas atribuciones antes con ningún hombre, pero deseaba seguir tocándolo. Su piel tibia era completamente reconfortante para ella, y sus dedos entumecidos volvieron rápidamente a la vida, ansiosos por acariciarlo.

Sabía que lo había visto antes en algún lugar, a ese hombre fuerte y sencillo, pero no lograba recordar donde. Algo en su corazón se lo decía, a la vez que le reprochaba el no haberle prestado atención antes.

Sus manos, grandes y varoniles le acunaron el rostro con ternura, una ternura que tal vez llevaba ahí encerrada mucho tiempo, rogando por su liberación. Ahora llovía como un torrente, solo para ella. Fue una sensación tan singular, como si se hubieran reconocido por fin sus cuerpos tras largo tiempo de ausencia. 

Él sonrió. Una sonrisa radiante que se reflejó en su mirada, y Rebecca se derritió. Sus labios finos se movieron, haciendo un eco exacto de los de él. Aceptando en silencio aquello tan grande que los unía.

—Hola— susurró ella.

—Hola— respondió él, mientras le acariciaba el cabello.

—Tú sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo.

—Adam. Adam Brady —repuso.

—Adam Brady, yo soy Rebecca Smith. Es un placer conocerte.

—El placer es sólo mío, nena.

Él la besó. Lentamente unió sus labios a los de ella, acariciándolos con reverencia. Rebecca paseó sus manos desde su cuello hasta su nuca, donde enterró los dedos en la cabellera negra y brillante. Adam estaba arrodillado en el suelo, entre sus piernas, besándola como si aquello fuera lo más normal del mundo, y ella no deseaba parar. Sus alientos se mezclaron, mientras los brazos masculinos la rodeaban, brindándole una protección que ella no sabía que hubiera necesitado antes, pero sin la cual ahora no podría vivir. Se aferró a él con más fuerza, pegando sus cuerpos de tal manera que ni el aire podía pasar entre ellos. Era algo completamente diferente a cualquier cosa que hubiera vivido hasta ese día.

Se separaron un instante para respirar, y volvieron al ataque. Rebecca besó sus labios, sus párpados, sus mejillas, e incluso el lunarcito adorable al lado de su boca. Todo. Lo quería todo de él, con una urgencia que era a la vez placentera e insoportable. Adam recorrió su cuello con los labios, dejando un rastro abrazador detrás de ellos, a lo largo de la piel. Sus atenciones eran tiernas y desesperadas al mismo tiempo. Como si las hubiera deseado desde hacía tanto que solo pudiera actuar con brusquedad, pero a la vez fuera incapaz de ser brusco. Cuando besó su clavícula, notó que aún llevaba puesta la ropa húmeda, así que se separo de ella, su mirada intensa, penetrante.

—Tienes que quitarte esa ropa —ordenó jadeando— vas a enfermarte.

Rebecca sonrió levemente, y prosiguió a hacer exactamente lo que él le dijo. Cuando levantó el borde de su suéter, él hizo una especie de jadeo entrecortado. Asombrada, ella lo miró curiosa.

—¿Qué? Dijiste que tenía que quitarme la ropa.

—Pe… pero… —la miró asombrado.

—Voy a enfermar si no me quito esta ropa mojada, así que voy a quitármela y ya. ¿Puedes prestarme algo de ropa seca?

Adam asintió, atónito. Aprovechándose de esa expresión, Rebecca se sacó de golpe el suéter y la franela, quedándose con los pantalones y el sujetador. Los hermosos ojos de él se abrieron desmesuradamente, como si no pudiera creer lo que le mostraban. Ella continuó, sin sentir vergüenza en absoluto. Se pertenecían así que ¿Cuál era el problema?

Pensaba hacerlo lentamente, pero la necesidad de estar cerca de él era demasiado fuerte, demasiado atrayente, así que se sacó los pantalones, quedándose sólo en ropa interior. Pero no le dio tiempo a él de pensar nada, se movió rápidamente hacia él, con sus pies aún un poco torpes, pero casi recuperados. Tomó el borde de su camisa y se la quitó apresuradamente. Necesitaba sentirlo, acariciarlo.

Pronto no tuvo que seguir provocándolo. Él reaccionó de una manera completamente salvaje, reclamándola. Y Rebecca le respondió con su cuerpo: Soy tuya.

**********

Horas más tarde, Rebecca yacía acurrucada en los brazos de Adam, sintiéndose más feliz de lo que recordaba haber estado en algún momento. ¿Cómo podía explicar lo que había sucedido? No estaba segura. Solo sabía que ya nunca podría separarse de Adam. Lo necesitaba. Era algo tan elemental como respirar, como vivir. Lo Amo— comprendió.  Se había enamorado de él en el momento en que la había rescatado de morir congelada en la acera. Y desde entonces, solo le había arrebatado más y más partes de su corazón, a tal punto que ya no podía imaginar vivir sin él a su lado. Solo rogaba que él sintiera por ella esa misma necesidad, ese mismo sentimiento que inundaba su corazón.

Él no había dicho nada en un rato. Si no fuera porque sentía las tiernas caricias de sus dedos en la espalda, habría jurado que estaba dormido. Rebecca deseaba que él también le dijera que la amaba. Se sentía tana bien estar así, pegada a él, con la cabeza en su hombro e inhalando su aroma, que temía que aquello fuera un sueño producto del frío. Se apretó más a él, intentando huir de esa idea, y Adam la apretó más en sus brazos.

—¿Estás bien?

—Es la tercera vez que me preguntas exactamente lo mismo— refutó divertida.

—¿De verdad? Valla, no me había dado cuenta.

Adam se sumergió nuevamente en el silencio, y Rebecca no iba a permitírselo.

—¿En qué piensas? Estas muy callado.

Él la obsequió con una sonrisa encantadora.

—Solo intento convencerme de que esto es real, y no un sueño cruel.

Ella levantó la cabeza para mirarlo directamente mientras su mano le acariciaba el rostro.

—Estamos pensando algo parecido —dijo, y le dio un beso en la barbilla— pero no es un sueño.

—No, creo que no lo es. Pero me parece tan increíble tenerte aquí, conmigo, que aún no puedo creerlo.

Rebecca bajó sus labios hacia los de él, en un beso tierno lleno de amor, para hacerle saber cuan real era todo aquello.

—Y pensar que estando ahí afuera, muerta de frío, creí que sería la peor navidad de mi vida. Estaba realmente equivocada.

El brillo en los ojos de Adam le dijo cuanto agradecía él sus palabras, y cuan acertadas eran también. El la beso, tan suavemente como si fuera una muñeca de cristal, saboreándola lentamente, con paciencia. Demostrándole cuanto la amaba. Porque la amaba. Ese brillo en su mirada solo podía significar eso, brillaban tanto como aquella vez, en la casa de Anette, cuando…

—¡Ya lo recuerdo!— jadeó ella al separarse de los labios masculinos— ya recuerdo dónde te había visto antes…

La suave y ronca risa masculina le envió escalofríos a lo largo y ancho del cuerpo.

—No te burles. ¿Cómo iba a reconocerte desde entonces? Además, tenías un aspecto completamente diferente.

—Sí, lo sé. Acababa de llegar de un viaje muy largo. Kevin, el esposo de Anette, ha sido mi amigo desde hace años y me ofreció quedarme en su casa hasta que pudiera acomodarme en mi propio lugar. Entonces un día tú llegaste a visitarlos, era el cumpleaños de Anette, lo recuerdo. Y también recuerdo que desde que te vi, no pude dejar de pensar en ti.

—Pero eso fue hace meses. ¿Por qué no me buscaste?

—Porque sé cuando una mujer no está interesada en mí, y créeme, tú no podías estar menos interesada.

Rebecca se ruborizó, la vergüenza haciendo estragos en ella. Era cierto, no lo había tenido en muy buena estima. Para ser sinceros, había prescindido de él completamente. Y pensar que ahora…

—Hey, hey. No pienses en eso. Ya es pasado, estás conmigo ahora. Y te juro que nada más me importa.

Él hundió la nariz en su cabello, saturándose de su olor femenino. Tenía que decirlo, no podía aguantarlo más. Si seguía reprimiéndolo su pecho explotaría. Pero Adam, nuevamente, le robó las palabras.

—Te amo, Bec. Te amé prácticamente desde que te vi. No sé cómo explicarlo, a veces creo que es absurdo, pero lo siento. Aquí —colocó con delicadeza la palma femenina sobre su pecho— solo hay espacio para ti.

Los ojos de Rebecca se llenaron de lágrimas, mientras escuchaba las palabras más hermosas que alguien le hubiera dedicado nunca. El nudo en su garganta creció, amenazando con ahogarla, y las lágrimas que en vano intentaba detener, brotaron libres rodando por su rostro y estrellarse en el amplio pecho masculino.

—Yo también… —sorbió por la nariz de una manera muy poco femenina— también te amo, Adam.

Los fuertes brazos de Adam se cerraron a su alrededor, acercándola a él, fundiendo sus pieles, sus almas en una sola, y a la vez protegiéndola de todo lo demás. Los amplios labios masculinos buscaron los suyos, para juntarse con un choque explosivo. Cuando se separaron, jadeantes pero felices, se miraron de esa manera, esa que les comunicaba que sobraban las palabras.

—Feliz Navidad, Bec.

—Feliz Navidad, Adam. Y gracias por amarme.




 FIN


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14 de agosto de 2013

Reseña #28: Real



Nombre: Real
Serie: Real, Raw & Ripped #1
Autora: Katy Evans
Páginas: 320
Año de Publicación: 2013
Editorial: Gallery Books
ISBN: 9781476755595
Idioma: Inglés
Un boxeador caído.
Una mujer con un sueño roto.
Una competencia.
Él hace que olvide mi nombre. Una noche fue suficiente y olvidé todo excepto al sexy boxeador que hace que mi mente y cuerpo ardan en llamas de deseo. 
Remington Tate es el hombre más fuerte y confuso que he conocido en mi vida. Es la estrella de uno de los circuitos más peligrosos de peleas clandestinas, y me siento atraída por él como nunca me he sentido atraída por algo en mi vida. Me hace olvidar quién soy y qué quiero sólo con una mirada suya. Cuando está cerca, necesito recordarme que soy fuerte, pero él es mas fuerte que yo. Y ahora es mi trabajo mantener su cuerpo en forma como una perfecta máquina de pelea, sus músculos tensos y listos para vencer a su próximo oponente.
Pero la mayor amenaza que tiene ahora, soy yo.
Lo quiero. Lo quiero sin miedos. Sin reservas.
Si tan solo pudiera saber a ciencia cierta qué es lo que él quiere de mi...
Opinión
Debo decir que esta novela no fue una de mis primeras opciones, había algo que no me terminaba de atrapar de ella. Sin embargo, estoy sacando todas esas novelas que tenía un poquito abandonadas, y esta no se me escapó. Y menos mal que no lo hizo.

En Real, nos encontramos con una historia diferente, llena de drama, amor y lujuria, mucha lujuria. Nuestra protagonista, Brooke, está pasando por una mala racha en el mundo laboral, por lo que su amiga Melanie la convence de ir a ver una pelea de boxeo clandestina. Brooke, quien gracias a una lesión de rodilla se tuvo que despedir de las olimpiadas, no le encuentra mucho sentido a ir a ver a dos gigantes molerse a golpes en el ring, pero todo cambia cuando hace su entrada Remington Tate. 

Brooke se ve inmediatamente atraída por este hombre magnífico con músculos de acero y una mirada que es puro sexo, y en el instante en que sus ojos se cruzan, la electricidad entre ellos hace saltar chispas por todo el lugar. A partir de ahí, los caminos de Remi y Brooke se cruzarán en varias ocasiones, sellando la conexión que nace en medio del bullicio de un circuito de peleas.

Tengo que admitir, que amé supremamente esta novela. Me atrapó de una forma en que pocas lo hacen. Los personajes son realmente bien logrados, todos, desde los principales hasta los secundarios. Brooke es una ex deportista que sueña con trabajar en la rehabilitación deportiva, y Remi es el campeón de las peleas clandestinas. La historia de ellos dos te atrapa, te hipnotiza y te vuelve loca de emoción. Si a esto además le sumamos las originalidades que posee la historia, tenemos un romance espectacular.

Hubieron muchas cosas que me gustaron, pero la que más me robó el corazón es la profunda ternura que Remington le demuestra a Brooke durante su convivencia, la que, al principio, es sorprendente dada su actitud dominante y arrogante personalidad. Además, la forma en que ambos se relacionan, a pesar de la condición de Remi, es muy especial. El final, me gustó, sencillo pero muy emotivo, y la autora lo dejó de cierta manera abierto para poder dar pie a las otras historias de la serie, entre las cuales está Mine, que es la secuela, entre otras.

De los personajes secundarios, debo decir que Melanie es espectacular, aún con su vulgar lenguaje. Los "ayudantes" de Remi, también me gustaron, en especial Pete. Lo único que me molestó, fue la hermana de la protagonista, pero tendrán que leerla para saber de lo que estoy hablando.

Una excelente historia, no se la vayan a perder.

Clasificación
♥ Magnífico

Sobre la Autora
Katy Evans es la NYT y USA Today Bestselling autora de la serie Real, Raw y Ripper.




Dani♥

24 de octubre de 2012

Reseña #6: Decidiste Tarde

Nombre: Decidiste Tarde 
Autora: Kasandra Finol (Kassfinol)
Páginas: 66 
Año de Publicación: 2012
Editorial: Rove
IBSN: 1479257508
Idioma: Español

No siempre las cosas terminan con un final feliz. Cuando una mujer ama realmente y no es correspondida las cosas pueden tomar un giro inesperado.
A veces para amar hay que ser paciente... y ser fuerte. Pero... ¿Tú podrías ser fuerte? ¿Podrías ser paciente? ¿Y si... deciden tarde amarte?
OPINIÓN PERSONAL
Me siento particularmente orgullosa de esta historia. No porque haya tenido algo que ver con ella durante su proceso de elaboración y todo lo demás, sino porque la escribió una amiga bloguera, novelera y romantquera, que además es Venezolana. Por eso estoy muy feliz de que me la haya cedido para leerla y todo eso. ¡¡¡Felicidades Kass!!!

Bueno, ahora sí. 

En Decidiste Tarde, encontramos a Sandra, una pelirroja y dicharachera mujer de veintinueve años, que está secretamente enamorada de uno de sus jefes. Quizás muchas de nosotras, nos hayamos sentido identificadas alguna vez con Sandra, al estar un poco encandiladas por algún jefe, compañero o amigo cercano. Sandra intenta por todos los medios olvidar a Francisco y tratarlo sólo con una relación de estricta formalidad. Sin embargo, cuando el susodicho hombre traspasa la línea de Jefe - Trabajadora invitándola a cenar, todo da un giro vertiginoso de mil cuatrocientos grados.

Entre ellos nace una relación secreta y apasionada, llena de amor, deseo y secretos. Pero no todo es color de rosa para ellos, porque Francisco simplemente no es lo que aparenta ser. Y poco a poco Sandra va cayendo en un lugar del que de repente ya no puede volver. El amor apasionado que ella siente por Francisco se vuelve obsesivo, trayéndole más dolor del que ella alguna vez imaginó, y un final trágico del que ya no hubo más salida.

Personalmente, me considero una mujer muy feminista (chica del siglo XXI, qué les puedo decir), por lo que el ver a una mujer sacrificándose y sufriendo por un amor no correspondido me indigna hasta lo indecible. Conozco a varias mujeres como Sandra, y en el mundo hay muchísimas más, que no se dan su lugar como personas, y terminan haciendo cosas que luego todos lamentan. A todas ellas les digo ¡Es hora de despertar, caramba! Ninguna persona nos va a tratar con respeto si no nos respetamos nosotras mismas primero.

Ahora, volviendo a la historia, es agradable, fácil de leer y me sentí identificada con muchas situaciones. Me hubiese gustado que Sandra no tuviese tanto espíritu de mártir, eso en verdad no me agrada. Uno tiene que hacerse cargo de sus propios problemas, no rogar, llorar y esperar porque otros vengan a resolverlos por nosotros. Aparte, la forma en que abandona toda su vida sólo por un hombre... bueno, digamos que eso no está nada bien. Tiene un final agridulce, que sin embargo es el más lógico si tomamos en cuenta la historia. 

Para mi amiga Kass hay un:
SOBRE LA AUTORA

Kasandra Finol (Kassfinol) nació en Venezuela hace 25 años, realizó estudios de economía con dos diplomados. Uno en Educación Superior y otro en Tribulación y Aduanas.
Es madre, esposa y Karateka, agradecida con Dios por todas aquellas personas que la han hecho sentir apreciada y amada.
Si bien pata algunos es una nueva escritora, lleva ya 8 libros realizados en el género romántico, tanto fantástico como paranormal, todo con un toque de humor más bien dirigido a jóvenes y adultos. Su amor por este género fue provocado por sus dos escritoras favoritas: Gena Showalter y J.R. Ward, además, admira la forma de escribir de Stephen King.
Su sueño como escritora es ser bien reconocida por sus libros durante la vida, y recordada después de la muerte. Su sueño como ser humano es seguir desarrollando el don que Dios le otorgó y sobre todo encontrar más medios para ayudar a las personas que necesiten de ella.

22 de mayo de 2012

Serie Highlander, Karen Marie Moning

1. MÁS ALLÁ DE LA NIEBLA DE LAS HIGHLANDS
En el reino todo el mundo lo conoce como Halcón, legendario predador de los campos de batalla y los tocadores de las damas. Ninguna mujer puede resistirse a sus encantos, pero ninguna ha conquistado jamás su corazón. Hasta que un hada vengativa hace caer a Adrienne de Simone, del moderno Seattle a la Escocia medieval...

2. PARA DOMAR A UN HIGHLANDER
Gavrael McIllioch había nacido en un clan de guerreros de fuerza sobrenatural, pero abandonó su nombre y su castillo de las Highlands decidido a escapar del sombrío destino de sus antepasados. Ocultando su identidad al implacable clan rival que lo perseguía, pasó a llamarse Grimm para proteger a la gente que le importaba y juró no admitir jamás su amor por la encantadora Jillian St. Claire. Y entonces el padre de Jillian lo convocó con urgencia para que luchara en una competición en la que el ganador se casaría con la dama…

3.  EL TOQUE DE UN HIGHLANDER
El señor de Brodie, un poderoso guerrero escocés que vive en un mundo regido por leyes ancestrales, es incapaz de enamorarse de ninguna mujer. Un día sin embargo, ocurre un misterioso accidente y, de repente, una bella muchacha del siglo XXI se traslada al pasado. Lisa, moderna e independiente, aparece por arte de magia en la habitación de un bravo guerrero medieval y desea sobre todo huir cuanto antes de ese recóndico e inhóspito lugar. Pero no sabe que el señor de Brodie tiene otros planes, y mucho menos que está a punto de conquistar su corazón.  

4. EL BESO DEL HIGHLANDER
Encantado por un poderoso hechizo gitano, Drustan McKeltar lleva más de cinco siglos oculto en las profundidades de una cueva, sumido en un sueño eterno que burla a la muerte y el tiempo. Cuando la ciéntifica de Gwen Cassidy, que está de vacaciones por Escocia buscando un amor verdadero, lo despierta en pleno siglo XXI, Drustan descubre que no queda nada de su linaje y que las Highlands, las Tierras Altas Escocesas, no son más que un montón de ruinas. Pero Drustan no es un simple escocés, sino que por sus venas aún corre auténtica sangre druida y tiene la oportunidad de remediarlo. Acompañado de Gewn, extraña mujer de insolente lenguaje que lo tacha de loco, emprenderá un viaje por Escocia buscando el portal que lo devuelva a su tiempo y así evitar su maldición. 

5. EL HIGHLANDER OSCURO
Desde su ático en Manhattan, Dageus McKeltar contempla una ciudad resplandeciente, mientras dentro de él habita un oscuro vacío. McKeltar es a la vez un escocés del siglo XVI y un neoyorquino del siglo XX que libra una batalla imposible contra los trece druidas que han tomado posesión de su alma. Chloe Zanders, una estudiosa de objetos antiguos cuya familia procede de Escocia, conoce por casualidad a Dageous. Chloe no tardará en enfrentarse al reto supremo: luchar contra trece espíritus malignos por el corazón de un hombre.

6. EL HIGHLANDER INMORTAL
Con su larga melena y sus fascinantes ojos, Adam Black es sinónimo de problemas. Inmortal y arrogante, es un maestro de la seducción que puede recorrer el tiempo y los continentes… hasta que una maldición lo despoja de su inmortalidad y lo vuelve invisible. Sólo le queda una esperanza: que la única mujer en el mundo capaz de verlo acceda a ayudarlo. Gabrielle O’Callaghan, una estudiante de Derecho, ha sido maldecida con la capacidad de ver ambos mundos, el de los mortales y el de las criaturas mágicas. En cuanto ve a Adam Black, está segura de que ese hombre podría ser su perdición. Adam la arrastrará a un mundo de hadas que hierve de mortíferas intrigas… Si consiguen alzarse con la victoria, ganarán una recompensa que pocos mortales llegan a conocer jamás: un amor que no terminará nunca.

7. EL HECHIZO DEL HIGHLANDER
Un diabólicamente atractivo guerrero celta atrapado en el tiempo... y una mujer dispuesta a pagar el máximo precio para liberarle. 
Antiquismos secretos les persiguen. El peligro mortal y un deseo irresistible ensombrecen cada uno de sus movimientos. Es una relación para toda la eternidad. Y todo lo que les separa son "simplemente" mil trescientos años...

8. EN TUS SUEÑOS
En el año 928 un guerrero escocés se haya prisionero en el Reino de las Hadas. Ha sido engañado por el monarca de las Hadas, obligado a conceder cinco años de su vida a cambio de las vidas de los miembros de su clan. Lo que no le ha explicado el taimado monarca es que cinco años en el oculto reino equivalen a quinientos años mortales. Cuando acabe el tiempo previsto podrá volver al mundo humano durante un mes, si al cabo de éste no ha conseguido encontrar un amor verdadero, seguira cautivo. Es aquí donde entrará en escena la Reina de las Hadas y su corte creando con su magia recuerdos en la única mujer capaz de salvarlo.

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12 de febrero de 2012

Relato para el concurso de Nina-Neko

NOSTALGIA




Que hermosa tarde de otoño.

Desde aquí, puedo escuchar el trinar de los pájaros, y admirar su vuelo alto y libre, rápido, mientras emprenden el viaje de regreso a casa, donde sus familias los esperan.

También, percibo como se van extinguiendo los últimos rayos de sol mientras encienden el firmamento con su luz, llenándolo de miles de colores diferentes. Aunque mi vista ya no es la misma de antes, me siento aquí todas las tardes mientras el astro dorado baña de calidez a toda la ciudad, brillando en las ventanas de los altos edificios tan comunes hoy en día, pensando.

¿No es increíble la naturaleza?

Cada día hay un nuevo amanecer, que ilumina el nacimiento de esperanzas, sueños y alegrías. Cada mañana abro los ojos con un profundo deseo dentro de mi corazón. Ojalá tuviese el poder de revivir el pasado, no para cambiarlo, porque bien sabe Dios que no hay nada de lo que me arrepienta, solo quisiera, por una instante, poder verte una vez más.

Pero claro, así como inicia un día con la llegada del sol, él mismo se lo lleva al momento del atardecer. Siempre. Cada esperanza perdida, cada sueño no realizado muere con él. Tal vez nazca de nuevo otro día, tal vez no. Yo solo sé que cada tarde veo extinguirse la luz y tú ya no estás a mi lado. Lo intento. Intento ser fuerte y vivir el resto de mi tiempo con dignidad, pero a veces fallo. ¿Cómo puedo seguir viviendo como antes, si mi corazón me abandonó? Porque tú eras mi corazón. No hubo un día que no te lo dijera, porque no quería que tuvieses dudas al respecto. Eras mi corazón, siempre lo fuiste y siempre lo serás.

Algunos días evito pensar en eso, para que la desesperanza no me consuma y se lleve lo poco que queda del hombre que conociste. Pero es difícil. Más cuando te extraño tanto. Oh, Aubrey. ¡Cuánto te echo de menos!

Sobre todo en los momentos, como ahora, que la calidez del sol invade mi piel fría, como un triste substituto de tus manos. ¡Cuánto me enseñaste de la vida!, y ya no estás aquí para vivirla conmigo.

Tus preciosos ojos ya no pueden apreciar la manera en que el cielo se colorea de púrpura, naranja y rosa, como una aurora boreal en pleno septiembre. Ya no se abren cada mañana para mirarme con amor, incitándome a ser cada día un mejor hombre, un mejor esposo, un mejor padre. Ya no me vez, mi amor, para regañarme cuando comía un pastel azucarado malo para mi diabetes. Ahora solo puedo ver tu sonrisa en mi mente, y constantemente me pregunto tantas cosas: ¿Qué pensarás? ¿Cómo te encuentras? ¿Me estas mirando? ¿Te sientes orgullosa de mí, de tus hijos y nietos? ¿Eres feliz allá en donde estás? Yo espero que sí, no, yo deseo que sea así, porque tú sólo mereces lo mejor. Mereces ser amada aún más allá de la muerte.

Mi viejo corazón ya no es tan fuerte como antes, Aubrey. Me duele, cada vez más, cuando abro los ojos y no te veo a mi lado en la cama. Ya no siento tu calor entre las sábanas, ni tu aroma impregnándome. ¿Quién hubiese pensado que las cosas más cotidianas serían las más difíciles de soportar? Las noches frente a la chimenea, escuchando las noticias. O las navidades cuando venían los niños y pasábamos todo el día rodeados de risas y gritos. Que buenos eran aquellos momentos.

Por cierto, los niños están bien. Jack y Rose han tenido otro hijo este verano, Jamie. Ellos dicen que se parece a mí, pero yo no lo creo. Es decir, ¿En dónde pueden ver un parecido entre esa criatura lozana y maravillosa y un viejo arrugado como yo? Pero de algún modo, me hace sentir mejor. Amy ya va a la universidad, y creo que planea casarse con ese muchacho de Wisconsin con el que sale desde hace un año. Robert no quiere oír hablar del asunto, pero a mí me cae bien. Kasie y Emily cumplieron once años en abril, y de sobra está decir que ellas también te extrañaron mucho, sabes cómo les gustaba sentarse sobre tus rodillas y escucharte cantar. Maddie viene casi todos los días a verme, para asegurarse de que tome mis medicinas. ¡Ja! Como si alguna vez pudiera olvidarlas, llevo tanto tiempo tomándolas que mi cerebro coordina mis movimientos por si solo para ingerirlas. Y bueno, tantas y tantas cosas sobre todos que podría contarte, pero estoy seguro que tú los vez desde allá arriba, y los guías hacia la felicidad con esa sonrisa paciente que era tan tuya.

Es extraño, ¿No? Como la vida sigue su curso, y sin embargo tú ya no estás aquí.

Pero igual te siento. Hay incluso momentos en que juraría que puedo sentir tu mano en mi enjuta mejilla, apoyándome. Alentándome a no darme por vencido aún. En las noches, antes de quedarme dormido, puedo escuchar el susurro de tu voz, arrullándome igual que lo hacías cando tenían pesadillas alguno de los niños. Tal vez eso es lo que más extraño de no tenerte. Tu voz.

Puedo escucharte en mi cabeza, pero abro los ojos y no estás. Puedo verte con los ojos de mi imaginación, pero no puedo tocarte. ¿Por qué te fuiste tan pronto? No me diste tiempo para acostumbrarme a tu ausencia, digo, si es que alguna vez alguien pudiese acostumbrarse a la ausencia de un ser amado. No me diste la oportunidad de decirte una vez más que te amaba, de darte las gracias por todo lo que en vida me diste y que es incomparable a todo lo demás. No pude apretar tu mano en el momento final, ni sostenerte hasta que hubieses cruzado el camino. Hay tantas cosas que no pude hacer por ti…

¿Me escuchas alguna vez, Aubrey? ¿Te arrepientes de algo? Espero que no, eso sólo le minaría las pocas fuerzas que le quedan a mi corazón.

Dos años han pasado. Dos años sin ti. Y se siente como una maldita eternidad.

Ven a buscarme, Aubrey. Sabes que cada noche te espero, para poder ir contigo al paraíso de Dios.

Los chicos ya han crecido, tienen sus familias y sus vidas. Y sé que van a echarnos de menos a ambos, pero ellos lo entenderán. Saben, tan bien como yo, que estos dos años he sido un hombre incompleto, porque tú eres parte de mí, mi amor. Aún hoy, vives dentro de mi corazón, recorres mi sangre con tu amor, empañas mis ojos con tu belleza, saturas mi nariz con tu aroma y destruyes mi alma con tu ausencia.

Ahora voy a levantarme de esta silla, y regresar a la monotonía de mi existencia sin ti. Aunque me gustaría quedarme fuera para examinar las estrellas a ver si te encuentro en alguna de ellas, hace demasiado frío para mis cansados huesos. El invierno se acerca, para cubrirlo todo con su manto frío, incluso mis esperanzas.

Aún recuerdo cómo te gustaba el invierno, y como cada navidad me regalabas un suéter diferente tejido por ti. Quiero que sepas que los conservo todos, en el orden exacto en el que me fueron concedidos. Los tengo como un recuerdo más de lo que significas para mí, lo mucho que todavía te amo.

¿Sabes? Aún conservo tu jardín de rosas. Si. Invierto ciento sesenta dólares mensuales en el Sr. Freeman, el jardinero, para que lo mantenga tal cual como tú lo conservabas en vida. Cuando extraño tu aroma, me siento en medio del jardín e inhalo profundamente tantas veces como me permitan mis doloridos pulmones, y de una extraña manera, siento que estás de pie a mi lado, inspirando también el perfuma de las rosas en primavera. Tu época favorita del año. A veces sueño con que un día, vendrás a mí nuevamente y verás tu jardín intacto, y de alguna manera te sentirás orgullosa de mí y de lo que he logrado desde que te fuiste. ¿Raro verdad? Algunos días creo que estoy obsesionándome contigo, y eso no me gusta. Porque si no me obsesioné contigo en vida, no quiero obsesionarme con tu muerte, no es sano para ninguno de los dos.

No sé cuantas veces he reflexionado sobre esto. Cientas, miles tal vez. No he llevado la cuenta. Pero cada noche, cuando cierro los ojos pienso en todas las cosas que quisiera decirte y no puedo. Me mata, Aubrey. Como una enfermedad lenta y dolorosa. Que marchita todo dentro de mí, mis órganos, mis pensamientos, mis esperanzas… pero si hay algo que he aprendido en estos dos largos años, es que el amor tiene dos caras.

Tu y yo tuvimos suerte, y vivimos el amor bueno mientras estuvimos juntos. No fue siempre fácil, pero lo fácil nunca vale la pena, y no hay nada para mí que haya valido más la pena de luchar, que tu amor. Fuimos parte de algo mucho más grande que nosotros, de ese amor que te hace reír, soñar, volar… Ay Aubrey, pero nunca imaginamos cuán dura sería la caída. Porque desde que no estás, siento que estoy cayendo constantemente. Estoy desorientado, perdido y asustado. Nuestro amor no nació ni vivió de la costumbre. Nuestro amor fue puro, profundo e ilimitado. Tanto, que aún después de todos estos años juntos y ahora separados, yo te sigo amando.

Te amo.

Como el primer día en que te vi. Como te amé cuando aceptaste casarte conmigo, tanto como te amé cuando nacieron nuestros hijos, y tantas otras veces que ni siquiera puedo mencionar. Te amo, te amo, te amo… nunca lo dudes, mi amor. Yo jamás he dudado de ti.

Ahora estoy entrando a la casa que ambos construimos con esfuerzo y un montón inmenso de dedicación. Tal vez no sea la casa más grande, ni la más elegante de todas las que hay por aquí, pero fue nuestro hogar. Aquí vivimos todos nuestros buenos y malos momentos, en ella crecieron nuestros hijos, y dentro de ella aún perduran todos nuestros recuerdos. Están impresos en las paredes, llenándolas de color.

Cada vez que recorro con mis débiles pies los pasillos, escucho tu voz  tarareando en la cocina. Recuerdo una vez cuando Robert tenía diez años, y juntos organizamos una sorpresa para ti. Era tu cumpleaños. Pero ni siquiera nuestras mentes juntas superaban tu sabiduría de madre. Nunca pudimos sorprenderte en grande, porque siempre adivinabas nuestras intenciones. Que puedo decir, nunca fui bueno para la actuación, y menos si se trataba de esconderte algo a ti. De eso puedes estar segura, nunca te mentí. Y tú, para mi gran felicidad, jamás dudaste en aceptarme incluso con mis peores defectos.

Solías decir que yo era más obstinado de una mula de carga, temo que eso es verdad. ¿Sino cómo explicar el hecho de que aún estoy aquí, de pie y solo? También reconozco que soy orgulloso, a veces demasiado, y que no era el más apuesto de los hombres. Pero a tu lado me sentía como un rey. Tu belleza siempre me impactaba y, en ocasiones me preguntaba ¿Cómo alguien tan especial puede amarme a mí, que soy de lo más común? Tal vez nunca haya una respuesta lógica para eso, y lo agradezco a los cielos. Dios sabe que lo hubiese dado todo y más por vivir la vida que vivimos.

Ahora estoy entrando en nuestra habitación. Y el frío que templaba mi cuerpo poco a poco me abandona. De repente me siento tranquilo, en paz. Es como si tu espíritu me acompañara y envolviera los retazos de mi corazón derrotado. Estás aquí, velando por mí, empujándome un poco más hacia adelante, facilitándome el camino. Miro todas las fotos, ventanas a momentos pasados llenos de dicha y mi pecho se estruja frente a tu recuerdo. Siento las lágrimas inundar  mis ojos en todo momento, y sé que no debería llorar, porque tuve y tengo mucha suerte en mi vida. Pero no quiero tragármelas. No es signo de debilidad llorar por la persona que amas y que extrañas más que nada en el mundo.

Siempre admiraste mí fuerza Aubrey, pero ya se me acabó. Estoy agotado.

Exhausto.

Guíame, por favor, como tantas veces en el pasado. Toma mi mano y libérame de esta pesadilla que es no tenerte más.

Hoy, en el día de mi cumpleaños, regálame aquello que he deseado desde que te fuiste. Aquello que nadie más puede darme ahora.

Devuélveme la felicidad, querida. Llévame contigo por el camino correcto, hacia el futuro infinito que nos espera en la eternidad.

Estoy listo, mi amor.

Aquí, acostado en nuestra cama. Repaso constantemente todo lo que vivimos juntos y me siento feliz. Soy feliz sólo por haberte conocido. Por haber compartido tantos años a tu lado. Me diste tanta dicha y tanto amor, que sólo me queda una cosa más que pedir.

Estoy cerrando los ojos Aubrey. Y puedo sentirte, ya vienes por mí.

¡Al fin! Mis huesos pueden descansar. El peso de mi alma se debilita. Y sonrío. Porque pienso recibirte igual que siempre, con una sonrisa en mis labios. Estás contenta, también, puedo sentirlo. Y eso me da fuerza para dar el último paso.

Puedo verte, una vez más. Y mi corazón vuelve a latir con la expectativa de que no vamos a volver a separarnos jamás. Oh, mi amada Aubrey, cuánto te he extrañado desde que te fuiste. Pero eso ya no importa, porque has vuelto por mí.

Te amo Aubrey.

Tomas mi mano, y me guías a caminar junto a ti. Gracias Aubrey, por rescatarme de mi tortura. Gracias por amarme tanto como yo te amo. Y gracias, por venir a buscarme. Juntos, velaremos por todos los que nos aman también.

Gracias.

Tú y yo, vamos a amarnos para siempre.


FIN


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12 de enero de 2012

Para comenzar el año con un poquito de misterio... Algo nuevo que estoy preparando...



¡HOLA! 

¿Cómo les ha tomado el 2012? Espero que bien.

Hoy, les traigo el asomo de una nueva historia en la que estoy trabajando, me sentí inspirada y, de pronto, me di cuenta del potencial de lo que había comenzado. espero que a ustedes les guste tanto como a mí. Tal vez, el comienzo les parezca un poco confuso, pero espero que poco a poco vayamos develando juntos los misterios de esta historia...


Prólogo


…Bruno y Bianca se van a casar…

Ese es el murmullo que llega a mis oídos desde la villa.

…Bruno y Bianca se van a casar…

Si, dentro de dos días.

Al fin el príncipe ha encontrado a su princesa… o eso es lo que los humanos dicen.

Yo, no lo veo de esa forma.

Yo, lo veo, como una oportunidad magnífica para entrometerme. Y es que, aquí entre nos, vivir para siempre puede resultar absurdamente desesperante si uno no se permitiera algunos momentos de entretenimiento.

Desde aquí arriba, en mi pequeño reino, veo a toda la humanidad moverse y desarrollarse. Los veo nacer, crecer y morir. Ciertamente, su fugaz existencia puede parecerme algunas veces interesante, pocas hay que se le comparen. Si bien no conocen lo que es la inmortalidad, por sus venas corre el hierro suficiente para hacerles actuar como si fueran inmunes a la muerte, la insensatez puede llevarlos hasta extremos inimaginables para mí. Tal vez, el nacer con los días contados le brinde a su supervivencia una intensidad que tanto mis hermanos como yo desconocemos. No lo sé. O tal vez, es que son tan ingenuos que creen tener el poder sobre sus actos, algo que es absolutamente falso. Porque a los humanos los controlamos nosotros, o mejor dicho, los controlo yo. Por eso, debo confesarles que me aburre hasta lo indecible mantenerme al margen de sus patéticas y escuálidas vidas. Eso no es divertido para mí.  Divertido es verlos reaccionar ante un pequeño desastre natural que escape de su control, que decir cuando se topan de frente con la infidelidad y el engaño, eso sí es verdaderamente entretenido. El sufrimiento, la pena, la amargura… todo aquello que sea negativo y triste es lo que me emociona. ¿Por qué deberían ser sus vidas como una bola de algodón rosa, si el verdadero carácter humano sale a flote en los momentos de crisis? Cuando la desesperación alcanza niveles extremos, cuando son probados más allá de sus capacidades, es cuando la verdadera esencia de la humanidad surge, como un fénix entre las cenizas, para pelear por aquellos que merecen una segunda oportunidad.

Para mi disgusto, no puedo estropearles la vida a todos, porque incluso yo tengo que respetar a veces el equilibrio del altísimo —aunque no me agrade en absoluto la idea—, por lo que a veces permito que se salgan con la suya. Además, sería fastidioso gobernar a una banda de autómatas que no se rebelen ante ti. Así no sería tan satisfactorio dominar sus vidas.

Desde que el mundo es mundo y yo soy yo, esas fútiles criaturas han gozado de más libertad de la que deberían, según mi parecer. Aquella libertad de espíritu, les hace pensar que son dueños de sus acciones, y atiborrarse de ingenuidad al creer que no existe ser en el planeta más inteligente que ellos. Bueno, tal vez tengan razón en eso, porque ciertamente nosotros no vivimos en la Tierra. Ah… pero ellos no tiene ni idea, de lo que sobre sus pequeñas cabezas se lleva a cabo. Miles de planes, estrategias y manipulaciones. Nosotros, controlamos todos y cada uno de los aspectos de su frágil existencia. Los hacemos nacer, los hacemos morir, los probamos constantemente, los obligamos a enfrentarse a lo que más temen y los llevamos por el camino que deseamos que corran. Siempre. Ninguno de ellos se escapa de mi vista, aunque desde aquí parezcan un enjambre de hormigas molestas y destructivas. Siempre bailan al son que yo les canto, lo hacen todo tal y como yo lo deseo.

Y es que, ¿Qué es el poder absoluto, si uno no lo usa para imponerse sobre los débiles?

Por cierto, eso me recuerda…

…Bruno y Bianca se van a casar…

Ya solo falta un día…

…Bruno y Bianca se van a casar…

Pues yo no lo creo.


**********

A ver que les parece... Espero les guste!

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5 de diciembre de 2011

Relato para la Antología Navideña 2011

¡Hola! ¿Cómo se preparan para estas navidades? Espero que bien. Yo por mi parte estoy haciendo o mío poniéndome al corriente con todo el material que tenía atrasado, ya que al fin pasé de curso en la universidad, puedo pasar diciembre tranquila (gracias a Dios), por eso estaré actualizando (o tratando de actualizar) mucho más seguido, y también emprenderle con todos los proyectos que dejé a un lado por un tiempo.

Por eso, para iniciar esta nueva racha decembrina, les he traído el relato para la Antología Navideña 2011, un proyecto muy interesante que organiza Dulce Cautiva en su blog, y que es bastante ambicioso y muy original (cabe destacar que me siento muy orgullosa de formar parte). Espero que les guste, y si quieren saber más acerca de esto o leer los otros relatos participantes, pasen por aquí.

Bueno, ahora si, aquí se los dejo:

EL REGALO PERFECTO

—¡Atchis!

Genial… —gimió Rebecca con amargura—, Ahora solo me falta pillar un resfriado.

En verdad, enfermarse sería como dicen “la cereza del pastel”, en un día que de por sí, podría considerar el peor en mucho tiempo. Pero como todo era cosa de la mente, comenzó a pensar como un mantra… No voy a enfermarme, no voy a enfermarme, no voy a…

—¡Atchis— Demonios, esto no funciona.

Obviamente, el hecho de llevar puestas ropas completamente húmedas gracias a la nieve que caía sobre su cabeza, no iba a ayudarle de mucho contra el resfriado. Estaba muerta de frío, las puntas de sus finos dedos heladas. Mas no podía hacer nada… se había olvidado las llaves de su apartamento dentro, y como mujer completamente segura de sí misma y llena de autoconfianza, nunca había dejado un duplicado debajo de una maceta, o bajo la alfombra —como tantas veces mostraban en las películas— así que no tenía forma de entrar, y con semejante frío, sus neuronas simplemente se negaban a trabajar sobre tiempo, ya habían sido forzadas hasta su punto máximo durante el día.

¿Qué iba a hacer ahora? Sus padres no estaban en la ciudad, porque se habían ido en un crucero por el Caribe como regalo de navidad, uno que ella también hubiera podido disfrutar si el abusador de su jefe no le hubiera exigido presentarse a trabajar aunque estuviera de vacaciones. No le bastaban los otros catorce empleados, ella tenía que estar ahí. Además, era la noche de navidad, todas las personas estaban en sus casas calentitas, celebrando con sus familias —bueno, todas las personas menos ella—, y para rematar, Anette, su mejor amiga, estaba con su esposo en la casa de su madre al otro lado de la ciudad, y con semejante cantidad de nieve en las calles era prácticamente imposible conducir, ni que decir ir caminando con tan baja temperatura.

Estaba en problemas, sus pies sepultados en un montón de nieve blanca comenzaban a ser insensibles para todo, hasta para ella. Se removió en un vano intento de escapar del aire helado que sopló, pero su cuerpo delgado y pequeño no podría soportarlo por más tiempo. Estaba desesperada. Tanto, que apenas viera a algún vecino entrar a su casa le pediría auxilio y refugio. Pero nadie llegaba, o bien todos se habían ido o ben nadie deseaba ayudarla, porque la entrada jamás había estado más vacía.

Oteó el cielo y suspiró deprimida, pues los nubarrones grises no auguraban nada bueno para ella ni para su situación. La acera ya estaba cubierta de una delgada capa de hielo, y Rebecca pensó que nunca había odiado tanto la nieve como en ese momento. El vaho de su aliento era cada vez más blanco, y los estremecimientos de frío ya le recorrían sin piedad el cuerpo. Cerró los ojos por un segundo, intentando imaginar un lugar más cálido, pero su mente interpretó la señal como una rendición al cansancio, y sus párpados se volvieron tan pesados que ya no pudo separarlos. Soltando un gemido adolorido, se dejó resbalar por la pared, totalmente segura de que plantar su trasero en la nieve era una muy mala idea, pero sin poder hacer nada para evitarlo.

De pronto, su caída fue frenada de manera brusca. Intentó abrir los ojos mientras su cuerpo era rápidamente devuelto a una posición vertical, pero sus pestañas estaban congeladas. El apretón en sus brazos se intensificó cuando fue evidente que no conseguía mantener el equilibrio por sí misma. Sintió la fuerza de alguien junto a ella mientras, ayudada por su fuerte agarre, intentó poner sus rígidas piernas en movimiento, pero no lo consiguió.

—¿Puedes caminar? —le preguntó una voz. El chorro caliente de su aliento rozándole los pómulos.

Rebecca abrió la boca para decirle que no podía sentir sus pies, pero solo pudo emitir un gemido dolorido, así que movió su cabeza de un lado a otro para hacerle saber que eso era tan difícil para ella como mover una roca. La persona hizo un sonido extraño, como angustiado y posteriormente la levantó en brazos como a una niña. Percibió como unas manos fuertes rodeaban su torso y la cara interna de sus rodillas, para elevarla tan fácilmente como a una estatua de plumas. Inconscientemente, ella se acurruco contra él, desesperada por absorber un poco de su calor.

Abrió un poco los ojos y por entre la escarcha de sus pestañas reconoció la figura borrosa de una persona —bueno, un hombre— alto, y con una mandíbula marcada. El resto de su rostro era imposible de reconocer, al menos en ese momento.  Así que volvió a cerrarlos, y recostó su cabeza en el hombro masculino preguntándose ¿A dónde me estará llevando?

—Vas a estar bien— le dijo, y como leyendo su mente continuó— ya casi llegamos a mi casa.
Rebecca se mantuvo en silencio para seguir disfrutando de su voz ronca y del rítmico vaivén de sus movimientos.

**********

Unos diez minutos después, fue depositada con cuidado en un mullido sofá negro, mientras el dueño de esa sensual voz le colocaba una frazada caliente por los hombros, tratando de calentar rápidamente sus ateridos músculos.

Ella lo miró trabajar en eso, mientras le frotaba los brazos y las piernas con fuerza para restablecer la circulación, como un experto. Sus párpados ya no le pesaban, y aunque aún sentía el cuerpo entumecido, quiso probar si sus cuerdas vocales ya funcionaban con normalidad.

—Gracias por ayudarme— murmuró, y el frío le dio a su voz una entonación extraña.

—No hay problema, ¿Ya te sientes mejor?

—Sí. Aunque mis pies siguen dormidos.

—Déjame verlos— pidió, y acto seguido bajó los cierres internos de sus botas para quitárselas. Las gruesas medias de lana que llevaba puestas estaban empapadas y heladas. Pero él con movimientos diestros desnudó sus pequeños pies.

—¡Dios! Están peor de lo que pensé.

Al escuchar semejante comentario, Rebecca se asustó. Y mucho. Por lo que inspeccionó ella misma sus pies, horrorizándose. Estaban completamente pálidos, tanto, que la fina telaraña de venas era perfectamente visible a través de la piel, las uñas se veían entre moradas y rosadas, pero el borde superior estaba tornándose azul. ¡Azul! Sus pies estaban congelados.

Con ojos angustiados miró al hombre que la había ayudado, asustada y realmente preocupada.

—Están congelados ¿Verdad?

—Probablemente— respondió. Y la esperanza huyó de ella tan rápida como un rayo. Él seguía examinando sus pies, moviendo sus dedos hacia arriba y abajo, doblándolos—. No creo que sea tan grave como pensé, aunque tiene un aspecto terrible. Los dedos están rígidos, pero se mueven, y hay flujo sanguíneo. No obstante, tenemos que calentarlos, y rápido.

—¿Qué puedo hacer?

—Tu espera aquí y sigue moviéndolos, yo voy a buscarte agua caliente.

Rebecca suspiró apesadumbrada y con cierto temor todavía recorriéndole el cuerpo. Comenzó a darse torpes apretones en la planta de un pie, luego del otro, y trató de doblar suavemente cada uno de los dedos así como lo había visto a él hacerlo, pero no ayudaba demasiado que sus manos también estuvieran heladas. Apoyó ambos pies en la alfombra, mientras abría y cerraba las manos una, dos, tres veces. Podía escucharlo trajinando en lo que suponía era la cocina del pequeño apartamento. Pequeño pero confortable —observó.

Las paredes estaban pintadas de blanco y ambos sofás era negros, al igual que las mesitas, donde habían varios portarretratos. Sus ojos curiosos se toparon con una foto en particular que le divirtió: un niño de diez años aproximadamente, montado sobre un elefante. El niño sonreía inseguro, mientras que en la imagen, se apreciaba claramente como el inteligente mamífero estaba dispuesto a lanzarle un chorro de agua directo desde su trompa a la cara del muchacho. Rebecca no pudo evitar tomar el marco para verlo más de cerca, y una amplia sonrisa se formó en sus labios al contemplar la escena.

—¿Qué estás mirando? —cuestionó él a su lado.

Rebecca se sobresaltó al escucharlo tan cerca, apretando el portarretratos contra ella en un gesto automático.

—Yo… yo… —Oh cielos, ¿Que le digo?— solo estaba mirando­— dijo, e inmediatamente volvió a colocarlo en la mesa.

¿Por qué estaba tan nerviosa de repente? Solo miraba una foto, tampoco es que lo estaba espiando ni nada. ¿Entonces por qué….

—¿Como sientes los pies?

—Oh si, están mejor— Tanto como una paleta de helado.

—Mételos aquí, verás que te sientes mejor así.

—De acuerdo.

Introdujo los pies en el agua caliente y al principio el contraste de temperatura fue bastante incómodo, pero sus pies se adaptaron, logrando que su cuerpo entrara en calor rápidamente. Y aunque llevaba aún la ropa mojada, se sentía mucho mejor.

—Hay que hacer algo con esa ropa, te enfermarás si no te la quitas.

Rebecca no estaba segura de la razón, pero esas palabras desencadenaron que su rostro se sonrojara completamente. Su corazón empezó una marcha apresurada dentro de su pecho y la respiración se le volvió tan superficial y repetitiva que parecía tener un ataque de asma.

—¿Estás bien? ¡Ey, Rebecca! ¿Qué te sucede?

Esas palabras hicieron que lo mirara directamente. Cortando todo tipo de sobrerreacción llevada a cabo por su cuerpo.

—¿Cómo sabes mi nombre?

El alto y esbelto hombre se mantuvo callado ante esa pregunta. Sus grandes ojos marrones la contemplaron durante varios minutos, para luego bajar hacia el suelo. Carraspeó incómodo
.
—Siempre lo he sabido —murmuró por lo bajo.

Rebecca lo miró nuevamente, descubriendo algunas cosas en él que antes no había mirado, como por ejemplo su cabello negro, corto y rizado, la nariz un poco torcida, el pequeño lunar cerca de la comisura de su boca… ahora parecía diferente, como si antes lo hubiese estado mirando a través de un cristal, y ahora pudiera apreciarlo directamente, más real, más hermoso.

Si observaba su rostro en conjunto, en realidad no había nada en él que fuera particularmente atractivo. Pero analizando cada rasgo por separado, había algo precioso en cada uno, prístino, que la incentivaba a seguir detallándolo. Necesitaba ver sus ojos nuevamente, así que con delicadeza, rodeó sus mejillas con ambas manos, para que él la mirara.

—¿Por qué?

Él se encogió de hombros de manera despreocupada, pero el brillo en sus ojos no podía ser disimulado tan fácilmente.

—¿No vas a decírmelo?

Estaban muy cerca, tanto, que podía ver el latido de la sangre en su cuello, debajo de su mano. Era un pulso rápido, fuerte, lleno de vida. Rebecca deslizó sus dedos por las sombreadas mejillas, reconociendo un terreno completamente nuevo para ella, pero ansiosa por explorarlo todo. Nunca se había tomado esas atribuciones antes con ningún hombre, pero deseaba seguir tocándolo. Su piel tibia era completamente reconfortante para ella, y sus dedos entumecidos volvieron rápidamente a la vida, ansiosos por acariciarlo.

Sabía que lo había visto antes en algún lugar, a ese hombre fuerte y sencillo, pero no lograba recordar donde. Algo en su corazón se lo decía, a la vez que le reprochaba el no haberle prestado atención antes.

Sus manos, grandes y varoniles le acunaron el rostro con ternura, una ternura que tal vez llevaba ahí encerrada mucho tiempo, rogando por su liberación. Ahora llovía como un torrente, solo para ella. Fue una sensación tan singular, como si se hubieran reconocido por fin sus cuerpos tras largo tiempo de ausencia. 

Él sonrió. Una sonrisa radiante que se reflejó en su mirada, y Rebecca se derritió. Sus labios finos se movieron, haciendo un eco exacto de los de él. Aceptando en silencio aquello tan grande que los unía.

—Hola— susurró ella.

—Hola— respondió él, mientras le acariciaba el cabello.

—Tú sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo.

—Adam. Adam Brady —repuso.

—Adam Brady, yo soy Rebecca Smith. Es un placer conocerte.

—El placer es sólo mío, nena.

Él la besó. Lentamente unió sus labios a los de ella, acariciándolos con reverencia. Rebecca paseó sus manos desde su cuello hasta su nuca, donde enterró los dedos en la cabellera negra y brillante. Adam estaba arrodillado en el suelo, entre sus piernas, besándola como si aquello fuera lo más normal del mundo, y ella no deseaba parar. Sus alientos se mezclaron, mientras los brazos masculinos la rodeaban, brindándole una protección que ella no sabía que hubiera necesitado antes, pero sin la cual ahora no podría vivir. Se aferró a él con más fuerza, pegando sus cuerpos de tal manera que ni el aire podía pasar entre ellos. Era algo completamente diferente a cualquier cosa que hubiera vivido hasta ese día.

Se separaron un instante para respirar, y volvieron al ataque. Rebecca besó sus labios, sus párpados, sus mejillas, e incluso el lunarcito adorable al lado de su boca. Todo. Lo quería todo de él, con una urgencia que era a la vez placentera e insoportable. Adam recorrió su cuello con los labios, dejando un rastro abrazador detrás de ellos, a lo largo de la piel. Sus atenciones eran tiernas y desesperadas al mismo tiempo. Como si las hubiera deseado desde hacía tanto que solo pudiera actuar con brusquedad, pero a la vez fuera incapaz de ser brusco. Cuando besó su clavícula, notó que aún llevaba puesta la ropa húmeda, así que se separo de ella, su mirada intensa, penetrante.

—Tienes que quitarte esa ropa —ordenó jadeando— vas a enfermarte.

Rebecca sonrió levemente, y prosiguió a hacer exactamente lo que él le dijo. Cuando levantó el borde de su suéter, él hizo una especie de jadeo entrecortado. Asombrada, ella lo miró curiosa.

—¿Qué? Dijiste que tenía que quitarme la ropa.

—Pe… pero… —la miró asombrado.

—Voy a enfermar si no me quito esta ropa mojada, así que voy a quitármela y ya. ¿Puedes prestarme algo de ropa seca?

Adam asintió, atónito. Aprovechándose de esa expresión, Rebecca se sacó de golpe el suéter y la franela, quedándose con los pantalones y el sujetador. Los hermosos ojos de él se abrieron desmesuradamente, como si no pudiera creer lo que le mostraban. Ella continuó, sin sentir vergüenza en absoluto. Se pertenecían así que ¿Cuál era el problema?

Pensaba hacerlo lentamente, pero la necesidad de estar cerca de él era demasiado fuerte, demasiado atrayente, así que se sacó los pantalones, quedándose sólo en ropa interior. Pero no le dio tiempo a él de pensar nada, se movió rápidamente hacia él, con sus pies aún un poco torpes, pero casi recuperados. Tomó el borde de su camisa y se la quitó apresuradamente. Necesitaba sentirlo, acariciarlo.

Pronto no tuvo que seguir provocándolo. Él reaccionó de una manera completamente salvaje, reclamándola. Y Rebecca le respondió con su cuerpo: Soy tuya.

**********

Horas más tarde, Rebecca yacía acurrucada en los brazos de Adam, sintiéndose más feliz de lo que recordaba haber estado en algún momento. ¿Cómo podía explicar lo que había sucedido? No estaba segura. Solo sabía que ya nunca podría separarse de Adam. Lo necesitaba. Era algo tan elemental como respirar, como vivir. Lo Amo— comprendió.  Se había enamorado de él en el momento en que la había rescatado de morir congelada en la acera. Y desde entonces, solo le había arrebatado más y más partes de su corazón, a tal punto que ya no podía imaginar vivir sin él a su lado. Solo rogaba que él sintiera por ella esa misma necesidad, ese mismo sentimiento que inundaba su corazón.

Él no había dicho nada en un rato. Si no fuera porque sentía las tiernas caricias de sus dedos en la espalda, habría jurado que estaba dormido. Rebecca deseaba que él también le dijera que la amaba. Se sentía tana bien estar así, pegada a él, con la cabeza en su hombro e inhalando su aroma, que temía que aquello fuera un sueño producto del frío. Se apretó más a él, intentando huir de esa idea, y Adam la apretó más en sus brazos.

—¿Estás bien?

—Es la tercera vez que me preguntas exactamente lo mismo— refutó divertida.

—¿De verdad? Valla, no me había dado cuenta.

Adam se sumergió nuevamente en el silencio, y Rebecca no iba a permitírselo.

—¿En qué piensas? Estas muy callado.

Él la obsequió con una sonrisa encantadora.

—Solo intento convencerme de que esto es real, y no un sueño cruel.

Ella levantó la cabeza para mirarlo directamente mientras su mano le acariciaba el rostro.

—Estamos pensando algo parecido —dijo, y le dio un beso en la barbilla— pero no es un sueño.

—No, creo que no lo es. Pero me parece tan increíble tenerte aquí, conmigo, que aún no puedo creerlo.

Rebecca bajó sus labios hacia los de él, en un beso tierno lleno de amor, para hacerle saber cuan real era todo aquello.

—Y pensar que estando ahí afuera, muerta de frío, creí que sería la peor navidad de mi vida. Estaba realmente equivocada.

El brillo en los ojos de Adam le dijo cuanto agradecía él sus palabras, y cuan acertadas eran también. El la beso, tan suavemente como si fuera una muñeca de cristal, saboreándola lentamente, con paciencia. Demostrándole cuanto la amaba. Porque la amaba. Ese brillo en su mirada solo podía significar eso, brillaban tanto como aquella vez, en la casa de Anette, cuando…

—¡Ya lo recuerdo!— jadeó ella al separarse de los labios masculinos— ya recuerdo dónde te había visto antes…

La suave y ronca risa masculina le envió escalofríos a lo largo y ancho del cuerpo.

—No te burles. ¿Cómo iba a reconocerte desde entonces? Además, tenías un aspecto completamente diferente.

—Sí, lo sé. Acababa de llegar de un viaje muy largo. Kevin, el esposo de Anette, ha sido mi amigo desde hace años y me ofreció quedarme en su casa hasta que pudiera acomodarme en mi propio lugar. Entonces un día tú llegaste a visitarlos, era el cumpleaños de Anette, lo recuerdo. Y también recuerdo que desde que te vi, no pude dejar de pensar en ti.

—Pero eso fue hace meses. ¿Por qué no me buscaste?

—Porque sé cuando una mujer no está interesada en mí, y créeme, tú no podías estar menos interesada.

Rebecca se ruborizó, la vergüenza haciendo estragos en ella. Era cierto, no lo había tenido en muy buena estima. Para ser sinceros, había prescindido de él completamente. Y pensar que ahora…

—Hey, hey. No pienses en eso. Ya es pasado, estás conmigo ahora. Y te juro que nada más me importa.

Él hundió la nariz en su cabello, saturándose de su olor femenino. Tenía que decirlo, no podía aguantarlo más. Si seguía reprimiéndolo su pecho explotaría. Pero Adam, nuevamente, le robó las palabras.

—Te amo, Bec. Te amé prácticamente desde que te vi. No sé cómo explicarlo, a veces creo que es absurdo, pero lo siento. Aquí —colocó con delicadeza la palma femenina sobre su pecho— solo hay espacio para ti.

Los ojos de Rebecca se llenaron de lágrimas, mientras escuchaba las palabras más hermosas que alguien le hubiera dedicado nunca. El nudo en su garganta creció, amenazando con ahogarla, y las lágrimas que en vano intentaba detener, brotaron libres rodando por su rostro y estrellarse en el amplio pecho masculino.

—Yo también… —sorbió por la nariz de una manera muy poco femenina— también te amo, Adam.

Los fuertes brazos de Adam se cerraron a su alrededor, acercándola a él, fundiendo sus pieles, sus almas en una sola, y a la vez protegiéndola de todo lo demás. Los amplios labios masculinos buscaron los suyos, para juntarse con un choque explosivo. Cuando se separaron, jadeantes pero felices, se miraron de esa manera, esa que les comunicaba que sobraban las palabras.

—Feliz Navidad, Bec.

—Feliz Navidad, Adam. Y gracias por amarme.




 FIN


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