Promesa Bajo las Estrellas Cap5


CAPÍTULO 5


¿Era posible amar a primera vista? ¿Sería de verdad posible que con solo mirar a alguien, tu corazón no parara de latir por esa persona? ¿Cómo saber si es amor verdadero? Todos los días se preguntaba lo mismo, y como todos los días, no hallaba la respuesta que tanto deseaba. 
*******

Amanda caminaba por el pasillo del hospital perdida en sus pensamientos cuando escuchó por los altavoces que la solicitaban en la jefatura. Aunque ya había revisado a todos sus pacientes, se apresuró a ir, si la llamaban seguramente había pasado algo y debían necesitarla. Al llegar, la recepcionista excesivamente amable –cuyo comportamiento era casi siempre más hostil que amigable– le dio el recado de que alguien la esperaba en uno de los cubículos. No le había dicho que le ocurría al paciente, o una idea aproximada de lo que encontraría y eso le pareció un poco extraño. Ignorando su recelo se encaminó hacia el lugar, saludando a Roberta en el camino. Abrió la puerta rápidamente y detuvo su ademán de entrar sorprendida al encontrar la cama vacía. Retrocedió y miró nuevamente el número confirmando que ese era el siete, volvió a entrar frunciendo levemente el ceño ¿Qué sucede aquí? se preguntó con desconfianza. Ahí no había nadie, se aclaró a sí misma. Tampoco había baño, así que ¿Quién la esperaba? Si eso era una especie de broma, realmente no era divertido. Caminó hacia adentro y colocó sus manos sobre la camilla perfectamente arreglada, paseando sus ojos por todas las paredes, hasta que un movimiento a su derecha captó su atención. Dirigió sus grandes pupilas hacia la sombra que, podía jurar, se había movido cuando se quedó sin habla. ¡No puede ser! Le gritó incrédula la doctora mental.


Estaba allí, clavado en el suelo, mirándola absolutamente maravillado. Tantas cosas que decir, y sólo pudo quedarse ahí como un idiota. Ella se veía tan hermosa y estaba devolviéndole la mirada que seguramente él también tenía. Llena de asombro, escepticismo y… algo que le tomó por sorpresa, todo brillaba en su mirada al mismo tiempo. Cada recuerdo volvió a su mente con espantosa claridad, incluso los días que pasó como loco buscándola, prácticamente recorriendo todos los hospitales de los alrededores, pero no había podido encontrarla. La había extrañado enormemente, por eso había deseado volver a verla. Muchas veces soñó con ella, arrepentido de no haberse dado una oportunidad.

–Hola.
–Hola, princesa.

El corazón de Amanda redobló sus latidos al escucharlo llamarla princesa. Simplemente sonaba mucho más hermoso en sus labios, con su voz deliciosamente ronca. Princesa, había dicho el, como desearía serlo realmente, pensó ella. Pero su voz aún tenía ese extraño efecto sobre ella, ese que causaba que su sangre corriera desesperada por sus venas, su respiración convertirse en jadeos desiguales, el temblor de su cuerpo entero. No podía creerse que estuviera en frente de ella, ¡Cielos! Había soñado con él tantas veces que una partecita de su cerebro aún dudaba de que fuera real. Pero lo es, pensó eufórica, llena de alegría por tan inesperado obsequio. No se resistió más y corrió a sus brazos. Había creído no volver a verlo nunca, así que esta vez no iba a dejarlo escapar.

Raúl sonrió al estrecharla en sus brazos con fuerza. Aún no entendía la fuerza magnética que parecía unirlos, pero no iba a desafiar a la gravedad. Si ambos eran atraídos a los brazos del otro, él no iba a protestar. Enterró su nariz en el cabello de ella, dejando que sus fosas nasales absorbieran el olor tropical de su cabello, de su piel, de toda ella. Todo su cuerpo reaccionaba a su contacto de una manera nunca antes conocida para él, pero le hacía sentir como lo más natural, como si ella perteneciera a él y el a ella, como si su piel fuera el abrigo que necesitaba ante un día frío de invierno. Su cabello el caudal de su libertad y su sonrisa la luz de sus noches oscuras. No existía una sola célula de su cuerpo que no pugnara por adherirse a ella, y todas protestaron ante su separación.

–¿Cómo me encontraste?
–No fue nada sencillo –sonrió atontado– ¿Sabes cuantos hospitales hay en la ciudad? –Ella negó sonriendo– muchos. Y los recorrí todos.
–Desde luego.
–¿Acaso no me crees? ¿Pues por qué crees que he tardado tanto?

Amanda lo miró emocionada. ¿De verdad Raúl la había buscado tanto? ¿Acaso la extrañaba con la misma intensidad que ella lo extrañaba a él? Era tan increíble que le costaba aceptarlo.

–Te invito a almorzar –dijo luego de mirarla por millonésima vez– ¿Te parece?
–Mi turno termina dentro de veinte minutos.
–Te esperaré por allá –señaló la sala de espera– búscame y nos vamos.
–Está bien –asintió ella.
Sin decir nada más Amanda salió a entregar su guardia. Al fin y al cabo ya había terminado todos sus pacientes antes. Además, ya quería ir junto a Raúl. Al pensar en él no pudo evitar sonreír. Te comportas como una tonta, se burló la mini doctora. Pero esta vez Amanda estuvo de acuerdo con ella, aunque no quería, sus manos sudaban, su corazón latía acelerado todavía. Al entrar en el vestuario se topó con Roberta en los casilleros, ella la miraba expectante.

–¿Y bien?

Roberta no aguantaba la curiosidad. Había visto a ese bombón preguntar por Amanda y así urdió su pequeña travesura para que se encontraran. Un extraño presentimiento se había apoderado de ella en cuanto vio al joven en la recepción y automáticamente intuyó que su visita podría alegrar a  Amanda, así que no dudó un momento y lo hizo.

–¿Y bien qué? ¿Acaso sabes algo que yo ignoro? –Amanda trató de hacerse la indiferente,  pero el brillo de sus ojos la delataba.
–¿Lo viste? –preguntó ansiosa– ¿Quién es él Amanda?
–Sólo es un… amigo –respondió apurada, bajo la mirada suspicaz de su amiga.
–¿Sólo eso?
–Sólo somos amigos, de verdad –al menos por ahora, completó para sí misma.
–Bien, si tú lo dices, te creo –con una sonrisa cómplice agregó– aunque su visita te alegró un poco, porque hace semanas que  te notaba un poco decaída. Eso me preocupaba.
–Rob, ya no te preocupes, estoy bien –sonrió ante la preocupación casi maternal que Roberta demostraba por ella, y agradeció mucho ese gesto–  aunque, gracias por preocuparte por mí amiga.
–Ah, no digas tonterías. Y mejor vas con él de una vez,  a no ser que quieras que ese bombón que te espera se entretenga con otra...
–¡Rob! –exclamó muerta de la vergüenza antes de salir apurada a buscar a Raúl, dejando atrás los ecos de las carcajadas de Roberta. 


2 Toque (s):

Brianna Callum dijo...

¡Hola, Dany!
¡Qué bueno que Raúl y Amanda volvieron a encontrarse! Mmmm ¿Qué pasará ahora?

Muy buen capi.
Besos,
Bri

Lulai dijo...

Acabo de leer todos los cap de esta historia... Esta buenisima.... Bueno Te sigo y espero que pronto haya otro cap nuevo...

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2 de marzo de 2011

Promesa Bajo las Estrellas Cap5


CAPÍTULO 5


¿Era posible amar a primera vista? ¿Sería de verdad posible que con solo mirar a alguien, tu corazón no parara de latir por esa persona? ¿Cómo saber si es amor verdadero? Todos los días se preguntaba lo mismo, y como todos los días, no hallaba la respuesta que tanto deseaba. 
*******

Amanda caminaba por el pasillo del hospital perdida en sus pensamientos cuando escuchó por los altavoces que la solicitaban en la jefatura. Aunque ya había revisado a todos sus pacientes, se apresuró a ir, si la llamaban seguramente había pasado algo y debían necesitarla. Al llegar, la recepcionista excesivamente amable –cuyo comportamiento era casi siempre más hostil que amigable– le dio el recado de que alguien la esperaba en uno de los cubículos. No le había dicho que le ocurría al paciente, o una idea aproximada de lo que encontraría y eso le pareció un poco extraño. Ignorando su recelo se encaminó hacia el lugar, saludando a Roberta en el camino. Abrió la puerta rápidamente y detuvo su ademán de entrar sorprendida al encontrar la cama vacía. Retrocedió y miró nuevamente el número confirmando que ese era el siete, volvió a entrar frunciendo levemente el ceño ¿Qué sucede aquí? se preguntó con desconfianza. Ahí no había nadie, se aclaró a sí misma. Tampoco había baño, así que ¿Quién la esperaba? Si eso era una especie de broma, realmente no era divertido. Caminó hacia adentro y colocó sus manos sobre la camilla perfectamente arreglada, paseando sus ojos por todas las paredes, hasta que un movimiento a su derecha captó su atención. Dirigió sus grandes pupilas hacia la sombra que, podía jurar, se había movido cuando se quedó sin habla. ¡No puede ser! Le gritó incrédula la doctora mental.


Estaba allí, clavado en el suelo, mirándola absolutamente maravillado. Tantas cosas que decir, y sólo pudo quedarse ahí como un idiota. Ella se veía tan hermosa y estaba devolviéndole la mirada que seguramente él también tenía. Llena de asombro, escepticismo y… algo que le tomó por sorpresa, todo brillaba en su mirada al mismo tiempo. Cada recuerdo volvió a su mente con espantosa claridad, incluso los días que pasó como loco buscándola, prácticamente recorriendo todos los hospitales de los alrededores, pero no había podido encontrarla. La había extrañado enormemente, por eso había deseado volver a verla. Muchas veces soñó con ella, arrepentido de no haberse dado una oportunidad.

–Hola.
–Hola, princesa.

El corazón de Amanda redobló sus latidos al escucharlo llamarla princesa. Simplemente sonaba mucho más hermoso en sus labios, con su voz deliciosamente ronca. Princesa, había dicho el, como desearía serlo realmente, pensó ella. Pero su voz aún tenía ese extraño efecto sobre ella, ese que causaba que su sangre corriera desesperada por sus venas, su respiración convertirse en jadeos desiguales, el temblor de su cuerpo entero. No podía creerse que estuviera en frente de ella, ¡Cielos! Había soñado con él tantas veces que una partecita de su cerebro aún dudaba de que fuera real. Pero lo es, pensó eufórica, llena de alegría por tan inesperado obsequio. No se resistió más y corrió a sus brazos. Había creído no volver a verlo nunca, así que esta vez no iba a dejarlo escapar.

Raúl sonrió al estrecharla en sus brazos con fuerza. Aún no entendía la fuerza magnética que parecía unirlos, pero no iba a desafiar a la gravedad. Si ambos eran atraídos a los brazos del otro, él no iba a protestar. Enterró su nariz en el cabello de ella, dejando que sus fosas nasales absorbieran el olor tropical de su cabello, de su piel, de toda ella. Todo su cuerpo reaccionaba a su contacto de una manera nunca antes conocida para él, pero le hacía sentir como lo más natural, como si ella perteneciera a él y el a ella, como si su piel fuera el abrigo que necesitaba ante un día frío de invierno. Su cabello el caudal de su libertad y su sonrisa la luz de sus noches oscuras. No existía una sola célula de su cuerpo que no pugnara por adherirse a ella, y todas protestaron ante su separación.

–¿Cómo me encontraste?
–No fue nada sencillo –sonrió atontado– ¿Sabes cuantos hospitales hay en la ciudad? –Ella negó sonriendo– muchos. Y los recorrí todos.
–Desde luego.
–¿Acaso no me crees? ¿Pues por qué crees que he tardado tanto?

Amanda lo miró emocionada. ¿De verdad Raúl la había buscado tanto? ¿Acaso la extrañaba con la misma intensidad que ella lo extrañaba a él? Era tan increíble que le costaba aceptarlo.

–Te invito a almorzar –dijo luego de mirarla por millonésima vez– ¿Te parece?
–Mi turno termina dentro de veinte minutos.
–Te esperaré por allá –señaló la sala de espera– búscame y nos vamos.
–Está bien –asintió ella.
Sin decir nada más Amanda salió a entregar su guardia. Al fin y al cabo ya había terminado todos sus pacientes antes. Además, ya quería ir junto a Raúl. Al pensar en él no pudo evitar sonreír. Te comportas como una tonta, se burló la mini doctora. Pero esta vez Amanda estuvo de acuerdo con ella, aunque no quería, sus manos sudaban, su corazón latía acelerado todavía. Al entrar en el vestuario se topó con Roberta en los casilleros, ella la miraba expectante.

–¿Y bien?

Roberta no aguantaba la curiosidad. Había visto a ese bombón preguntar por Amanda y así urdió su pequeña travesura para que se encontraran. Un extraño presentimiento se había apoderado de ella en cuanto vio al joven en la recepción y automáticamente intuyó que su visita podría alegrar a  Amanda, así que no dudó un momento y lo hizo.

–¿Y bien qué? ¿Acaso sabes algo que yo ignoro? –Amanda trató de hacerse la indiferente,  pero el brillo de sus ojos la delataba.
–¿Lo viste? –preguntó ansiosa– ¿Quién es él Amanda?
–Sólo es un… amigo –respondió apurada, bajo la mirada suspicaz de su amiga.
–¿Sólo eso?
–Sólo somos amigos, de verdad –al menos por ahora, completó para sí misma.
–Bien, si tú lo dices, te creo –con una sonrisa cómplice agregó– aunque su visita te alegró un poco, porque hace semanas que  te notaba un poco decaída. Eso me preocupaba.
–Rob, ya no te preocupes, estoy bien –sonrió ante la preocupación casi maternal que Roberta demostraba por ella, y agradeció mucho ese gesto–  aunque, gracias por preocuparte por mí amiga.
–Ah, no digas tonterías. Y mejor vas con él de una vez,  a no ser que quieras que ese bombón que te espera se entretenga con otra...
–¡Rob! –exclamó muerta de la vergüenza antes de salir apurada a buscar a Raúl, dejando atrás los ecos de las carcajadas de Roberta. 


2 comentarios:

  1. ¡Hola, Dany!
    ¡Qué bueno que Raúl y Amanda volvieron a encontrarse! Mmmm ¿Qué pasará ahora?

    Muy buen capi.
    Besos,
    Bri

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  2. Acabo de leer todos los cap de esta historia... Esta buenisima.... Bueno Te sigo y espero que pronto haya otro cap nuevo...

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