Rendido por tu Amor... Capítulo 1

Crystal mantuvo su paso lento y orgulloso sólo porque era consiente de que todos los que se hallaban en la habitación la observaban. De haberse encontrado sola, hubiese comenzado a correr  por los pasillos inmediatamente como alma que lleva el diablo. Pero no iba a permitir mas habladurías. Ya no más. Su padre se encontraba gravemente enfermo, la situación ya no era como antes, se había tornado casi insostenible. Ahora le tocaba a ella defender y mantener su hogar, como hija del laird que era, se aseguraría de mantener todo en orden. Puede que la consideraran indefensa y frágil como una estatuilla de porcelana, tan maleable como la cera cerca del fuego, pero todos se equivocaban. Era su deber, y sobre todo la voluntad de su corazón hacer lo correcto en los momentos difíciles como estos.

Miró detenidamente mientras avanzaba los pasillos que fueron testigos de su infancia tierna y despreocupada. Los salones que hasta hace poco albergaron risas y sueños ahora eran lúgubres, como todo lo demás. El lugar que la vio crecer y volverse mujer se había convertido en un museo de recuerdos demasiado recientes, demasiado dolorosos. Ahora, la mujer en que se había transformado debía enfrentar hechos terribles, más propios de una pesadilla. 

Los traicioneros McAllister se habían infiltrado en las tierras McKinnon hacía varios meses, con la intención de asesinar al laird y apropiarse de todos sus dominios, incluyendo el bosque sagrado. Un plan bastante astuto para quienes las highlands conocían como bárbaros sin cerebro. Crystal debería sentirse afortunada por haber resultado relativamente ilesa de la feroz contienda una vez que se había descurbierto, si debería. Pero las circunstancias no fueron tan consideradas con el resto de su familia: su padre resultó gravemente herido mientras luchaba defendiendo a su gente, sus hermanos también estaban lastimados, pero aún así salieron a la persecución de los traidores, y su madre... no, decididamente no iba a pensar en eso. No tenía la fortaleza de enfrentarlo sin derrumbarse.

Tocó débilmente la puerta y luego entró a los aposentos del laird. Sally le dio la bienvenida con un semblante abatido y marcado por la impotencia, con esa mirada le confirmó que sus peores temores se volvían realidad. Se internó en la habitación pasando al lado de la criada y le colocó una mano en el hombro en señal de apoyo. Caminó acercándose al lecho, sentándose en la misma silla que la había recibido los últimos días. La imagen que sus ojos captaron amenazó con derrumbar su control, estuvo muy cerca de estallar en llanto. En el centro del lecho estaba la sombra del hombre que hasta hace pocos días era Frederick McKinnon, sus ojos afiebrados luchaban por mirarla y extendía una mano hacia ella. Crystal tomó su mano callosa y la apretó fuerte, tratando inútilmente de pasar algo de su propia vida a su querido padre. Si tan solo hubiese una forma de salvarlo, si estuviese en sus manos librarle de todo ese sufrimiento, lo haría sin dudar. Pero ya todo quedaba a manos del cruel destino, aquel que después de tantos golpes, les abofeteaba una vez más, dejándolos lastimados y rotos.

-Padre -susurró con la voz quebrada.
-Mi... niña...

Apenas podía hablar. El corazón de Crystal lloró de pena dentro de su pecho, derramando las lágrimas que sus ojos se negaban a liberar.

-No debes esforzarte padre- murmuró suavemente secando la húmeda frente.
-Debo de... decirte algo importante -se detuvo ahogado por un ataque de tos. Al recuperar el aliento prosiguió- ¿Han vuelto ya tus hermanos?
-Aún no -contuvo su angustia, estaba terriblemente preocupada por ellos.
-Ellos ya lo saben, debo... decírtelo a ti.
-¿Decirme que cosa padre? ¿Que sucede? -interrogó pacientemente.

El sabio señor McKinnon balbuceó incoherencias que Crystal en un primer momento no consiguió entender, ya que la voz se le iba por momentos. Sus finos labios imitaron pobremente palabras como trato, alianza..., ella estaba realmente confundida. Su mente no tenía tiempo en esos momentos para preocuparse por alianzas de otros, bastantes problemas tenía en sus hombros para cargar también con los ajenos. Volvió a la realidad en que se había transformado su mundo cuando su padre la miró fijamente, sorprendiéndola. Se notaba increíblemente lúcido y consciente, la chica le dedicó toda su atención.

-Cuando... los problemas con los McAllister comenzaron -Crystal se mantuvo quieta mientras su padre hablaba- tomé una decisión que te incluye a ti hija. 
-¿Que? -chilló.
-Tus hermanos ya lo saben, ya estaba asegurado antes de que atacaran el castillo -Crystal lo miró interrogante- nuestra única esperanza contra los McAllister es unir fuerzas con los McRae.

En ese momento se abrió la puerta de la habitación. Crystal giró su cabeza tan rápido que se quedó momentáneamente aturdida, sin poder comprender quién estaba frente a ella. Enfocó su mirada, y con asombro, descubrió debajo de toda la suciedad y la sangre, la cara de su hermano Clyde. Si no fuera porque los rasgos y la estatura eran los mismos hubiese podido jurar que se trataba de otra persona. Estaba asqueroso, con múltiples raspones y heridas a lo largo del cuerpo. Pero fue la expresión de su rostro lo que agitó nuevamente el ya preocupado corazón de la muchacha, su querido hermano mostraba tal expresión atormentada que le dolió enormemente. Sus ojos eran una mezcla de dolor, furia, impotencia... tantas emociones diferentes los opacaban. Sintió que las lágrimas se le agolpaban en los ojos, parpadeó fuerte para detenerlas. Este no es el momento para llorar se reprochó.

-Hija -la llamó Frederick. Crystal paseó su mirada entre ambos hombres- se ha acordado una unión con el clan McRae. 
-¿Cómo? -por dios, que no fuese lo que estaba pensando- te refieres a...
-Tu unión al laird -le apretó las manos y mirándola a los ojos le confirmó sus temores- Vas a casarte con Elliot McRae en una semana.

Crystal miró la faz compungida de su progenitor, sin poder creerse lo que acababa de escuchar. ¡No puede ser! gritó una voz dentro de su cabeza. Casarse con alguien del clan rival es de por si una idea espantosa, pero tener que casarse con el laird es algo todavía peor. ¿Cómo iba a poder casarse con ese hombre? ni siquiera lo conocía. Pero su conciencia le arrojó la verdad a la cara: Si puedes casarte y lo harás, tu gente depende de ello. Se apartó del lecho de su padre, que luego de soltarle las "buenas nuevas" volvió a sumirse en el mundo de los sueños. Miró a Clyde a los ojos, solo para encontrar en ellos la confirmación de su sentencia. Ya no pudo soportarlo más, salió corriendo de las dependencias del laird, dirigiéndose hacia su escondite en la torre. El lugar a donde siempre iba cuando se sentía sola o triste -Sentimientos que últimamente era bastante comunes para ella-. Corrió sin importarle que las personas la observaran. Subió a la torre con los ojos cuajados en lágrimas y se recostó contra la pared del fondo, dejando salir por fin toda la desesperación, toda la rabia y la impotencia que le llenaban el corazón. Los sollozos desesperados que escapaban de su pecho cortaban el aire silencioso, y le quemaban la garganta al ser expulsados en tropel.

Pasó algún tiempo antes de que Crystal consiguiera serenarse y fue entonces que se permitió pensar en la prueba más reciente que le había mandado la vida. Ahora que había desahogado parte de su pena, podía pensar más fríamente. Entendía los motivos de su familia para concretar el enlace, pues las fuerzas McKinnon se encontraban bastante mermadas gracias a los ataques. Pero eso no lo hacía más fácil de aceptar y mucho menos de llevar a cabo. Aún así, la cruel vocecita de su conciencia, no paraba de aguijonearle, gritándole que eso era lo que debía hacer. Eres hija del laird, le dijo, y si en sus manos estaba la salvación de su gente ella no podía hacerse la desentendida, pues sabía cual era su deber. Entendía cual era su misión, solo esperaba esta vez estar a la altura de lo que se esperaba de ella.


4 Toque (s):

Anna (princesa) dijo...

Hola que tal.
Mi nombre es Anna, del blog princesa, y a traves de Sokaly y de varios blog amigos he conocido el tuyo.
Oye esta genial, me he quedado sorprendida con tu manera de escribir, yo tambien soy un proyecto de escritora, en mi blog cuelgo relatos, poesia, novela, si quieres pasate y asi opinas, las puertas estan abiertas, yo por el tuyo pienso volver jeje.
besos

Anna (princesa) dijo...

PD.
Se me olvidaba, al haber la diferencia horaria entre España y Venezuela, mi servidor al ser privado se suele desconectar a las doce de la noche (hora española) y se conecta todos los días por la mañana.
Besitos

Daniela Agrafojo dijo...

Anna!! Que bueno que te gusten mis historias! Será un placer visitarte en tu blog, cuenta con ello!


Un abrazo!

Anna (princesa) dijo...

Muchas gracias Daniela, espero con ansias tu visita y opinión acerca de lo que escribo.
Un beso y si quieres agregame a tu lista de blogs para seguirme, yo lo haré con el tuyo.

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22 de mayo de 2011

Rendido por tu Amor... Capítulo 1

Crystal mantuvo su paso lento y orgulloso sólo porque era consiente de que todos los que se hallaban en la habitación la observaban. De haberse encontrado sola, hubiese comenzado a correr  por los pasillos inmediatamente como alma que lleva el diablo. Pero no iba a permitir mas habladurías. Ya no más. Su padre se encontraba gravemente enfermo, la situación ya no era como antes, se había tornado casi insostenible. Ahora le tocaba a ella defender y mantener su hogar, como hija del laird que era, se aseguraría de mantener todo en orden. Puede que la consideraran indefensa y frágil como una estatuilla de porcelana, tan maleable como la cera cerca del fuego, pero todos se equivocaban. Era su deber, y sobre todo la voluntad de su corazón hacer lo correcto en los momentos difíciles como estos.

Miró detenidamente mientras avanzaba los pasillos que fueron testigos de su infancia tierna y despreocupada. Los salones que hasta hace poco albergaron risas y sueños ahora eran lúgubres, como todo lo demás. El lugar que la vio crecer y volverse mujer se había convertido en un museo de recuerdos demasiado recientes, demasiado dolorosos. Ahora, la mujer en que se había transformado debía enfrentar hechos terribles, más propios de una pesadilla. 

Los traicioneros McAllister se habían infiltrado en las tierras McKinnon hacía varios meses, con la intención de asesinar al laird y apropiarse de todos sus dominios, incluyendo el bosque sagrado. Un plan bastante astuto para quienes las highlands conocían como bárbaros sin cerebro. Crystal debería sentirse afortunada por haber resultado relativamente ilesa de la feroz contienda una vez que se había descurbierto, si debería. Pero las circunstancias no fueron tan consideradas con el resto de su familia: su padre resultó gravemente herido mientras luchaba defendiendo a su gente, sus hermanos también estaban lastimados, pero aún así salieron a la persecución de los traidores, y su madre... no, decididamente no iba a pensar en eso. No tenía la fortaleza de enfrentarlo sin derrumbarse.

Tocó débilmente la puerta y luego entró a los aposentos del laird. Sally le dio la bienvenida con un semblante abatido y marcado por la impotencia, con esa mirada le confirmó que sus peores temores se volvían realidad. Se internó en la habitación pasando al lado de la criada y le colocó una mano en el hombro en señal de apoyo. Caminó acercándose al lecho, sentándose en la misma silla que la había recibido los últimos días. La imagen que sus ojos captaron amenazó con derrumbar su control, estuvo muy cerca de estallar en llanto. En el centro del lecho estaba la sombra del hombre que hasta hace pocos días era Frederick McKinnon, sus ojos afiebrados luchaban por mirarla y extendía una mano hacia ella. Crystal tomó su mano callosa y la apretó fuerte, tratando inútilmente de pasar algo de su propia vida a su querido padre. Si tan solo hubiese una forma de salvarlo, si estuviese en sus manos librarle de todo ese sufrimiento, lo haría sin dudar. Pero ya todo quedaba a manos del cruel destino, aquel que después de tantos golpes, les abofeteaba una vez más, dejándolos lastimados y rotos.

-Padre -susurró con la voz quebrada.
-Mi... niña...

Apenas podía hablar. El corazón de Crystal lloró de pena dentro de su pecho, derramando las lágrimas que sus ojos se negaban a liberar.

-No debes esforzarte padre- murmuró suavemente secando la húmeda frente.
-Debo de... decirte algo importante -se detuvo ahogado por un ataque de tos. Al recuperar el aliento prosiguió- ¿Han vuelto ya tus hermanos?
-Aún no -contuvo su angustia, estaba terriblemente preocupada por ellos.
-Ellos ya lo saben, debo... decírtelo a ti.
-¿Decirme que cosa padre? ¿Que sucede? -interrogó pacientemente.

El sabio señor McKinnon balbuceó incoherencias que Crystal en un primer momento no consiguió entender, ya que la voz se le iba por momentos. Sus finos labios imitaron pobremente palabras como trato, alianza..., ella estaba realmente confundida. Su mente no tenía tiempo en esos momentos para preocuparse por alianzas de otros, bastantes problemas tenía en sus hombros para cargar también con los ajenos. Volvió a la realidad en que se había transformado su mundo cuando su padre la miró fijamente, sorprendiéndola. Se notaba increíblemente lúcido y consciente, la chica le dedicó toda su atención.

-Cuando... los problemas con los McAllister comenzaron -Crystal se mantuvo quieta mientras su padre hablaba- tomé una decisión que te incluye a ti hija. 
-¿Que? -chilló.
-Tus hermanos ya lo saben, ya estaba asegurado antes de que atacaran el castillo -Crystal lo miró interrogante- nuestra única esperanza contra los McAllister es unir fuerzas con los McRae.

En ese momento se abrió la puerta de la habitación. Crystal giró su cabeza tan rápido que se quedó momentáneamente aturdida, sin poder comprender quién estaba frente a ella. Enfocó su mirada, y con asombro, descubrió debajo de toda la suciedad y la sangre, la cara de su hermano Clyde. Si no fuera porque los rasgos y la estatura eran los mismos hubiese podido jurar que se trataba de otra persona. Estaba asqueroso, con múltiples raspones y heridas a lo largo del cuerpo. Pero fue la expresión de su rostro lo que agitó nuevamente el ya preocupado corazón de la muchacha, su querido hermano mostraba tal expresión atormentada que le dolió enormemente. Sus ojos eran una mezcla de dolor, furia, impotencia... tantas emociones diferentes los opacaban. Sintió que las lágrimas se le agolpaban en los ojos, parpadeó fuerte para detenerlas. Este no es el momento para llorar se reprochó.

-Hija -la llamó Frederick. Crystal paseó su mirada entre ambos hombres- se ha acordado una unión con el clan McRae. 
-¿Cómo? -por dios, que no fuese lo que estaba pensando- te refieres a...
-Tu unión al laird -le apretó las manos y mirándola a los ojos le confirmó sus temores- Vas a casarte con Elliot McRae en una semana.

Crystal miró la faz compungida de su progenitor, sin poder creerse lo que acababa de escuchar. ¡No puede ser! gritó una voz dentro de su cabeza. Casarse con alguien del clan rival es de por si una idea espantosa, pero tener que casarse con el laird es algo todavía peor. ¿Cómo iba a poder casarse con ese hombre? ni siquiera lo conocía. Pero su conciencia le arrojó la verdad a la cara: Si puedes casarte y lo harás, tu gente depende de ello. Se apartó del lecho de su padre, que luego de soltarle las "buenas nuevas" volvió a sumirse en el mundo de los sueños. Miró a Clyde a los ojos, solo para encontrar en ellos la confirmación de su sentencia. Ya no pudo soportarlo más, salió corriendo de las dependencias del laird, dirigiéndose hacia su escondite en la torre. El lugar a donde siempre iba cuando se sentía sola o triste -Sentimientos que últimamente era bastante comunes para ella-. Corrió sin importarle que las personas la observaran. Subió a la torre con los ojos cuajados en lágrimas y se recostó contra la pared del fondo, dejando salir por fin toda la desesperación, toda la rabia y la impotencia que le llenaban el corazón. Los sollozos desesperados que escapaban de su pecho cortaban el aire silencioso, y le quemaban la garganta al ser expulsados en tropel.

Pasó algún tiempo antes de que Crystal consiguiera serenarse y fue entonces que se permitió pensar en la prueba más reciente que le había mandado la vida. Ahora que había desahogado parte de su pena, podía pensar más fríamente. Entendía los motivos de su familia para concretar el enlace, pues las fuerzas McKinnon se encontraban bastante mermadas gracias a los ataques. Pero eso no lo hacía más fácil de aceptar y mucho menos de llevar a cabo. Aún así, la cruel vocecita de su conciencia, no paraba de aguijonearle, gritándole que eso era lo que debía hacer. Eres hija del laird, le dijo, y si en sus manos estaba la salvación de su gente ella no podía hacerse la desentendida, pues sabía cual era su deber. Entendía cual era su misión, solo esperaba esta vez estar a la altura de lo que se esperaba de ella.


4 comentarios:

  1. Hola que tal.
    Mi nombre es Anna, del blog princesa, y a traves de Sokaly y de varios blog amigos he conocido el tuyo.
    Oye esta genial, me he quedado sorprendida con tu manera de escribir, yo tambien soy un proyecto de escritora, en mi blog cuelgo relatos, poesia, novela, si quieres pasate y asi opinas, las puertas estan abiertas, yo por el tuyo pienso volver jeje.
    besos

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  2. PD.
    Se me olvidaba, al haber la diferencia horaria entre España y Venezuela, mi servidor al ser privado se suele desconectar a las doce de la noche (hora española) y se conecta todos los días por la mañana.
    Besitos

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  3. Anna!! Que bueno que te gusten mis historias! Será un placer visitarte en tu blog, cuenta con ello!


    Un abrazo!

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  4. Muchas gracias Daniela, espero con ansias tu visita y opinión acerca de lo que escribo.
    Un beso y si quieres agregame a tu lista de blogs para seguirme, yo lo haré con el tuyo.

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